2006/12/11

Bien educados

"Cualquiera tiempo pasado fue mejor". Estas palabras de Jorge Manrique describen (en su contexto) cómo la percepción humana del paso de la propia vida propendería siempre a una cierta insatisfacción con el presente. No sabría argumentar decisivamente a favor o en contra de esta afirmación. Sin embargo, creo que al hilo de ella se puede desbarrar con particular desparpajo acerca de una cuestión interesante.

Todos hemos oído a muchas personas de edad criticar la educación recibida con posterioridad a ellos, con una cierta pesadumbre; ya no solamente en la línea de "la juventud de ahora está echada a perder", sino con el sincero convencimiento de que, independientemente del contexto social en que se educa actualmente, los contenidos de los planes de estudio y la relación entre profesores y alumnos era mejor cuando ellos estudiaron. Pero es una actitud que no solamente se da en personas "de edad", sino que llegado el momento en que uno se siente fuera del sistema educativo, comienza a ser consciente de sus defectos. Yo mismo me he sorprendido pensando (por ejemplo) que la preparación de los universitarios actuales es muy deficiente en comparación con la que podían tener los universitarios de hace pocos años en lo que se refiere a la ortografía, la gramática o, en definitiva, la redacción de textos. Puesto que yo percibo estos puntos como fundamentales para un universitario, tiendo a pensar que la calidad de la educación ha empeorado sustancialmente, y una multitud de pequeños signos me empujan más a adoptar esa conclusión.

Sin entrar a valorar la exactitud o inexactitud de este punto, oigo con frecuencia cada vez mayor afirmaciones parecidas de amigos que, por edad y mentalidad, no tiene para mí nada de carcamales. E, incluso, echando la vista atrás, me viene a la cabeza cierto historiador romano que criticaba los excesos de "la juventud" en general, provocados por la educación licenciosa propia de los tiempos que corrían, y echaba de menos la sana educación de antaño. Este "antaño" podía ser, por ejemplo, un siglo y medio antes de la época de aquél autor, cuando los romanos se estuvieron acuchillando alegramente a lo largo de casi un siglo de disturbios y guerras civiles; lo cual nos hace casi dar la razón al poeta del principio: parecería que existe una predisposición a la insatisfacción en la percepción de la educación presente.

Sin necesidad de hacer una regla de ello, a mí sí me parece percibir, como he dicho, esta tendencia en ocasiones. ¿Y por qué la educación, precisamente?

Aunque lo que los seres humanos podamos entender por "educación" es algo muy complejo de determinar (hasta hay gente a la que le pagan por investigarlo), yo la definiría, para los efectos que nos interesan aquí, como el proceso por el cual se construye la personalidad de un ser humano que se inserta en la sociedad. Si excluímos factores fisiológicos del individuo, virtualmente todo puede englobarse aquí: país o países en que se viva, planes de estudio, familia, experiencias que se suceden ante el individuo de que se trate, etc. Comenzamos a valorar el sistema educativo como algo desligado de nosotros cuando terminamos nuestros últimos estudios formales porque ese es para nosotros un buen "momento de corte" para considerarnos un producto terminado.

Ahora bien, creo que es esta misma forma de ver la educación (como "proceso de construcción de la persona") la que hace difícil que valoremos congruentemente la educación de aquéllos que nos siguen. Me parece así por lo siguiente:

En primer lugar, es arduo para uno de nosotros imaginarnos que los nuevos miembros adultos de la sociedad han sido construidos de la misma forma que nosotros mismos. Es arduo porque percibimos cambios en nuestro entorno, y creemos que eso ya determina diferencias relevantes; y es arduo también, y, desde mi punto de vista, sobre todo, porque aceptar que hubiese una forma estática de construir a los individuos implicaría perder gran parte de nuestra individualidad, de lo que nos hace percibirnos como sujetos distintos a los demás (lo cual, al menos en nuestra tradición cultural, es una necesidad básica).

Excluida la percepción de una paridad entre nuestra educación y la de aquéllos que nos siguen, por fuerza tendrá que haber una valoración positiva o negativa de la de estos últimos. Ahora bien, es arduo también hacer una comparación en la que nosotros salimos perdiendo: no se trata de reconocer simplemente la carencia de tales o cuales conocimientos, sino de reconocer que uno está "peor construido". Y, nuevamente, aquí nuestra percepción nos determina: uno está "bien educado" o "ha tenido una buena educación"; o lo contrario. Y aunque es un lugar común que "uno sigue aprendiendo toda la vida", chirría más si decimos "uno se está educando toda la vida": el proceso de educación tiene un final y su resultado, la persona, es percibido como un bloque prácticamente inamovible. Y una vez modelada la estatua, no hay forma de modificarla: es de un modo y así seguirá siendo. De manera que reconocer que estamos peor construidos sería como reconocer que somos peores productos, peores seres humanos.

(Por otro lado, aunque no puedo evitar el pensar que los alumnos de primer año escriben muy mal, me acuerdo de que, en los primeros días de mis estudios universitarios, un profesor, corrigiendo prácticas, sacó a colación los abundantísimos errores ortográficos cometidos por gente de mi clase, errores que eran tan colosales a veces, que yo me había maravillado de que hubiese compañeros capaces de escribir tales burradas...)

2006/12/06

The Rocky Horror Picture Show (1975)

http://www.youtube.com/watch?v=MDCcb3zRl8U


Director: Jim Sharman
Canción: Time warp
Autor:Richard OBrien
Reparto: Tim Curry, Susan Sarandon, Barry Bostwick, Richard OBrien, Patricia Quinn, Nell Campbell, Jonathan Adams, Peter Hinwood, Meat Loaf.

Brad y Janet son una pareja de jovencitos ingenuos, a los que el destino les sorprende al regresar de una boda, con una fuerte tormenta en medio de la carretera. No tienen más remedio que refugiarse en un siniestro castillo, donde emprenden un iniciático viaje que les libera de todos sus prejuicios…

En 1975 se estrenó una película de bajo presupuesto a partir de un musical de Broadway escrito por Richard O’Brien que homenajeaba el cine de serie b y pretendía ser un canto a la tolerancia y la libertad. La película fue un estruendoso fracaso comercial en todos sitios salvo en la ciudad universitaria de Westwood. Sin apenas promoción y gracias al boca a boca la gente llenaba la sala del United Artist Westwood Teather todas las semanas. Las mismas personas cada noche repetían los diálogos, cantaban las canciones y se fue creando un pequeño ritual para las escenas que convertían el filme en una película interactiva en la que el público se divertía de lo lindo. Los productores cambiaron la estrategia comercial y distribuyeron la película en salas alternativas y su fama fue creciendo… hasta hoy, que tanto la obra de teatro como la película siguen moviendo masas en cada reestreno.

Don´t dream it... be it!!!!!!!!!

2006/12/04

Reflexiones filosóficas (10)

<--La confianza es el fruto del tiempo transcurrido junto a quienes amamos o apreciamos. Proporciona una gran seguridad, en cuanto nos vemos reforzados en otros, pero al mismo tiempo, de fallarnos éstos, nos sentimos inseguros y tenemos la sensación de haber perdido buena parte de nuestra identidad. Nunca olvides quien eres, ni dejes de hacer cuanto te gusta, pues, lejos de lo que pueda decirse, las relaciones más sanas son las que se basan en el enriquecimiento mutuo y no en la entrega ciega. Confía en quien decidas, pero aun más en ti mismo.-->

Un saludo!

2006/11/28

Reflexiones filosóficas (9)

<--Cada cual es rey de su propio mundo, donde las normas, las percepciones, las reglas de juego emanan de él y por él, quien siempre tiene la razón, pues ésta es sólo suya... Pero ocurre que hay mundos oscuros y cenagosos, al lado de otros ricos y frondosos: el mismo vacío inmenso que separa los mundos en el espacio, es el que separa a unas personas de otras.-->

Un saludo!

2006/11/27

¡Taxi!



Un taxista se operó de una luxación en la Seguridad Social y como no había sitio en traumatología le llevaron a la unidad de quemados. Su compañero de cuarto era un tío al que le habían quemado la casa con él dentro y se había chamuscado el 65% de su cuerpo. Por lo visto se había liado con la hermana de un rumano con muy mala hostia. El hombre no perdía su buen humor y decía que con la vitamina que le daban estaba mudando la piel y se le iba a quedar un cutis más suave que el de David Beckam. El taxista decía que si se lo hacían a él cogía al rumano, le pegaba un tiro en brazos y piernas, le rociaba de gasolina y le tiraba una cerilla.

Y otro me dijo que si quería ganar dinero que fuera con él a una reunión que se iba a celebrar entre semana, que no le permitían desvelar nada, pero me dio una tarjeta con un teléfono al que debía llamar, sólo por ir me daban 100 euros y si me preguntaban tenía que decir que no tenía novia.

Otro me contó que el pasado verano se fue a Cancun con unos amigos para olvidarse de su ex mujer, a la que se había encontrado con su monitor de reiki arreglándole los chakras. Allí conoció a una mulata y se la llevó al hotel, cuando estaban en la habitación ella le anunció que tenía que pagarle 20 dólares por adelantado. Él le dijo que ni de coña, y ella que se asomara a la ventana y viera al negro de las cadenas de oro, que si no le pagaba le iba a romper la cabeza. Al final sólo le dio 17.

Uno que una vez una universitaria al salir de una fiesta en Pozuelo le dijo que tirara por la carretera de la Coruña sin especificarle destino. Le pidió que parara en una gasolinera para comprar un bocadillo y se tiró un buen rato hablando con el dependiente. Después volvió a meterse en el coche y le pidió que volviera al chalet de al lado de la fiesta, que había salido porque no quería encontrarse con su novio. Cuando llegaron el taxímetro marcaba 50 euros y le dijo que iba a entrar a su casa a por dinero. Salió un gorila gritándole y diciéndole que qué hacía dándole vueltas a la niña, que qué clase de estafador era y le amenazó con pegarle. El taxista se fue sin cobrar.

Y el que me contó todo indignado que un chaval se bajó del taxi sin pagar y tuvo que correr detrás de él hasta que pudo alcanzarlo, le tiró al suelo y empezó a darle patadas. Cuando vio pasar un coche de policía les llamó y en lugar de ayudarle a matarlo le denunciaron. Después del juicio tuvo que pagarle una indemnización al chaval por romperle una costilla.

La Comisión Regional de Precios estudia la aprobación de la subida del precio de los taxis para las noches de los fines de semana propuesta por el Ayuntamiento de Madrid, a instancia de su concejal de Movilidad Pedro Calvo. Si la propuesta sale adelante, la bajada de bandera costará 2,90 euros, 1,15 más que la tarifa actual, lo que supone un incremento del 67%. Dicen que es para incentivar a los taxistas por la prestación del servicio, pero en realidad lo que se paga es un suplemento por amenizar la vuelta a casa.

2006/11/26

Todo en un día (1986)

http://www.youtube.com/watch?v=lEJiylFNlog


Director: John Huges
Canción: Twist & Shout
Autor:The Beatles
Reparto: Mathew Broderick,Alan Ruck, Mias Sara, Jeffrey Jones, Edie McClurg,Cindy Pickett,Jennifer Grey, Lyman Ward, Charlie Seen.


Película de la infancia donde las haya. De cuando todas las niñas forraban las carpetas con los miembros del Brat Pack, una generación de actores que explotaron el género de la comedia para adolescentes y de la que salieron estrellas como Tom Cruise,Rob Lowe, Matt Dillon,Michael J Fox,John Cusack,Emilio Estévez, Patrick Swize, Mathew Broderick y tantos y tantos… que corrieron suertes dispares pero dejaron un buen recuerdo a los adictos al videoclub que estrenábamos VHS. El padre de esta generación fue John Hughes director de Todo en un Día, La chica de Rosa, El Club de los cinco, La mujer Explosiva… y Coppola fue su padrino con Rebeldes (Casi todos los actores que han sido nombrados participaban). Fue un tipo de cine muy fresco, no exento de simplicidad pero mucho menos escatológico que sus sucesoras, American Pie y similares. Quizá St Elmo, punto de encuentro fue de todas ellas la más interesante.

2006/11/24

Ensayo sobre la profesionalidad

En esta sociedad en que vivimos, regida por una economía de mercado, hay una característica que brilla sobre todas las demás en cuanto a procesos de intercambio y compra-venta: la profesionalidad. Los norteamericanos, que son padres de esta filosofía -básicamente desarrollo personal mediante el trabajo en un entorno supuestamente plagado de oportunidades-, pueden, por lo general, darnos unas cuantas lecciones en este sentido; y es que, si bien chapuceros hay en todas partes, más de un conocido compra productos de EEUU antes que a dos manzanas de su propia casa. Yo mismo, en mi experiencia, no guardo más que elogios para aquellas empresas/tiendas estadounidenses que me han vendido algún producto.

En España, por desgracia, la cosa es diferente. En mi opinión, de todas las empresas nacionales, la que más conserva este espíritu profesional de que venimos hablando es El Corte Inglés, sin lugar a dudas. En estos grandes almacenes el cliente tiene la razón DE VERDAD; no hay racaneo, ni cutreo, ni chapuceo: si algo no te gusta, lo cambias... o, por qué no, te devuelven el dinero. Si algún aparato sufre una avería, al día siguiente tienes el técnico en casa. ¿Quieres pagar a plazos? Sin problema. ¿Dentro de tres meses? Sin problema. Listas de boda, puntos regalo, todo tipo de servicios imaginables... ¿Quién no ha comprado algo en El Corte Inglés por si había que cambiarlo o devolverlo y en otro sitio, donde te ahorras 2 euros, te ponían pegas?



Hay algunas otras empresas bastante dignas y, en este sentido, parecería que la filosofía americana funciona: las empresas más grandes y productivas son, al mismo tiempo, las más serias y profesionales. Una empresa no puede crecer a base de explotar a sus empleados y mal servir a sus clientes, esto resulta claro viendo algunas de las empresas más grandes y prósperas de España, al lado de otras cutres y roñicas, plagadas de peruanos mal pagados y colas de clientes frustrados. Por desgracia hay excepciones y no precisamente pocas, como situaciones de monopolio (ej. Telefónica en sus "mejores" tiempos) o casos en que todos los empresarios de un gremio son unos mafiosos amorales, encima amañados (ej. banqueros, constructores, peleteros, veterinarios, fontaneros, dentistas, mecánicos...). Luego hay realidades como McDonalds, donde una empresa prospera poco más que dando migajas de pan a sus empleados y ofreciendo carne de mona a los consumidores... Aun así (que no es poco), yo creo en una economía de mercado, donde la iniciativa propia, la libertad individual y la propiedad privada sean una realidad; sin que a nadie le corten las alas, con garantías de que el esfuerzo y las ideas sean reconocidos, donde las personas destaquen por lo que son y no sean conducidas como rebaños de obejas mediante consignas prefabricadas. Creo, en definitiva, en la LIBERTAD.

Sin embargo, también creo en la figura de un Estado que garantice estos postulados, ya que por sí mismos no se sostienen, como he explicado anteriormente; a mi no me vale eso de la mínima intervención y tal, ni tanto ni tan calvo. Esto ya lo hemos hablado con los amigos: creemos en una sociedad donde el Estado asegure una serie de servicios/productos básicos y además sirva como árbitro imparcial de un sistema en el que creemos, pero debe basarse, en definitiva, en eso llamado profesionalidad. Lo que pasa es que, al parecer, unos lo llamamos de una manera y otros de otra; esto merecería otro post que espero escribir algún día, el papel que juega la simple percepción en nuestras supuestas ideologías, tiene gracia el asunto.

Pero bueno, me estoy desviando del tema: profesionalidad, profesionalidad y profesionalidad. Yo trabajo en una librería anticuaria con mi padre, uno de los mercados posiblemente más sanos en cuanto a libre competencia, oferta de todo tipo, variedad... donde realmente la profesionalidad debe ser el toque de distinción. Siempre insisto en lo mismo: garantía, servicio especializado, honestidad... ¡hay tanto chapucero! Profesionalidad no es sólo presencia (que también), algo muy típico de algunas empresas: parecen algo y por dentro son una puñetera bazofia, lo digo por experiencia. Pero, en definitiva, resulta frustrante comprar un producto o servicio a quien intenta racanearte, engañarte o manipularte, se me ocurren decenas de ejemplos. ¡Quién no ha adquirido algo defectuoso para comprobar con horror como tardan meses en atenderle, o ni contestan las llamadas, o devuelven respuestas predefinidas! ¡Cuántos comerciales charlatanes vendiendo medias verdades! ¡Cuántos presupuestos realizados sobre la marcha, aleatorios, vagos!

Hace días decidí llevar mi proyector al taller para que reajusten los cristales RGB, ya que los colores se mezclan levemente en los bordes, supongo que debido al uso tras seis años. Estamos hablando de, literalmente, manipular seis tornillos, cosa que supongo harán con algún aparato o máquina adecuada. El chico del taller me dice que la elaboración del presupueso cuesta 65 euros + IVA en caso de rechazarlo, ¡toma ya! Intento comunicarme con él, en plan: "y si os digo más o menos lo que le pasa, que lo he visto con mis propios ojos, ¿no podéis darme una idea aproximada?". Su respuesta, tan sencilla como deprimente :"no". A lo que respondo: "¿puedo entonces hablar con un técnico para contarle mi experiencia al menos?", me dice: "lo siento, ahora no está". Entonces yo: "¿y puedo llamarle a alguna hora?", el chico: "no, lo siento, los técnicos no pueden atender llamadas". Por último: "¿cuándo os pondréis en contacto conmigo?", la respuesta: "en unos 15 días". Joder, estuve a punto de mandarles a hacer puñetas, pero con calma me dije a mi mismo que, muy probablemente, el tiempo empleado en encontrar algún otro S.T.E. autorizado para descubrir que era más de lo mismo no habría merecido la pena. Así que luz verde... Ahora me pregunto si serán profesionales, o se aprovecharán de que es un producto caro y me intentarán cambiar veintisiete piezas para cobrarme 300 euros por la "reparación". Y yo me pregunto ¿realmente hay derecho a esto?



¡Ay, si yo fuera ricooo, rico, rico, rico, rico, ricorri! Me estoy imaginando el flash: "señor, su presupuesto ya está listo, son 249 euros + IVA, ya sabe que de no aceptarlo tiene que abonar la elaboración del mismo, de 65 euros + IVA". Y yo respondería: "pues, querido muchacho, meteos los 65 euros por el culo junto con mi proyector, que aquí os dejo. Eso sí, voy a decirle a mi amigo Armstrong, de Sony España, la clase de talleres autorizados que tienen". Y él: "¡aaaaaaaaaaaahhhhhh, perdone Don Miguel, aquí tiene su dinnnerrroooooooohhhhh!, sólo eran seis miserables tornillossssss, lo confiesooohh!". Entonces le diría: "hijo, las cosas, para hacerlas bien, no basta con haberlas aprendido..." y me marcharía chascando los dedos, a la vez que éstos lanzan una moneda de euro reluciente, en plan propina, mientras me alejo lentamente, dando la espalda al infeliz y subiendo al Lamborghini que acaba de detenerse frente a la entrada. El muchacho quedaría inerte, mirando a la pared, babeando mientras se replantea su futuro y la moneda de euro tintinea en el suelo...

Mi querido abuelo decía que un país es, en definitiva, la suma de sus individuos. Nosotros, como consumidores, tenemos el derecho y el deber de exigir, en todo momento, desde un restaurante hasta un concesionario de coches, un trato profesional. Así ganamos todos. Y si no, pues entonces mejor ir al Rastro y demás mercadillos, donde nos tenemos que sacar las castañas del fuego pero, al menos, nos ahorramos unos eurillos.

Un saludo!

2006/11/23

Reflexiones filosóficas (8)

<--Desconfía de quien dice no arrepentirse de nada, porque o bien es un dios (= falso), o nunca ha llegado a aprender de sus errores... y estos no son sino los cobardes.-->

Un saludo!

2006/11/22

Cabinas telefónicas 2

Bueno, "the Nutty Professor" se ha transfigurado en Pitt (aunque no en Brad, chicas, desafortunadamente para vosotras...); es decir: menda. A menda, al leer el artículo de Miguel, le han venido a la cabeza ciertas peculiaridades del vandalismo callejero (ya sea éste contra cabinas telefónicas o contra cualquier otro elemento del mobiliario urbano).

¿Por qué el vándalo callejero (llamémosle Paco) rompe cosas? Una de las claves puede estar en la publicidad del acto: romper objetos en, digamos, el ático vacío de un edificio no es lo mismo para el vándalo Paco... Éste rompería con aire sentimental una antena parabólica, dirigiendo entre suspiros miradas nostálgicas a las cabinas públicas unas decenas de metros más abajo.

Sentado este primer punto, podría pensarse que el vándalo Paco rompe en público para llevar a cabo una reafirmante demostración de fuerza. Con la inteligencia brillando en su mirada, parecería decir a sus conmilitones de parranda: "¿Habéis visto? ¡Me he cargado la marquesina!¡Yo solito!¡En medio de la calle!". Ahora bien, todo este razonamiento se viene abajo si consideramos una acción que llevan a cabo todos los vándalos invariablemente: patear contenedores vacíos.

Esto es, patear un contenedor vacío está al alcance de cualquiera; incluso un timorato bibliotecario podría patear un contenedor vacío. Esto es un hecho evidente, incluso para la discreta inteligencia de los amigotes del vándalo Paco. Y no solamente es Paco el que lo hace: todo mendrugo que se precie realiza sus desplazamientos a pie a altas horas de la noche solazándose cada quince metros con una patada a un contenedor. Así pues, si la demostración de fuerza no es el móvil, ¿cuál podrá ser?

En el propio elemento problemático está la solución. Examinemos teoréticamente un contenedor: se trata de un objeto de color vivo (enteramente amarillo o, más frecuentemente, gris, pero con una ostentosa tapadera de color naranja); se trata, además, de un objeto que, sustancialmente, podría ser tomado por una enorme caja de resonancia: hueco y con paredes suficientemente delgadas y flexibles como para que suene en condiciones. Efectivamente: al vándalo Paco, que en el fondo de su alma es como un niño pequeño, tierno como el día de la madre, le gusta explorar su percepción sensorial, y jugar con los colores y los sonidos, al más puro estilo Fisher-Pryce. Mientras que el niño pequeño pulsa con su manecita el botón verde para que muja la vaca, el vándalo Paco solamente puede dar rienda suelta a su afán de exploración de sus capacidades sensoriales a través del mobiliario urbano.

¿Cómo aplicar estos conocimientos nuevos acerca de la situación, en el caso de las cabinas telefónicas? Creo que lo más razonable sería ayudar a la selección natural. Por ejemplo, podríamos colocar a intervalos de 50 metros en todas nuestras calles muebles urbanos de un tipo nuevo: pintados de verde y amarillo, con campanillas colgando alrededor de toda su superficie, un par de grandes bocinas en lo alto, multitud de elementos rompibles, un pie flexible (en plan "punching-ball") y una gran diana roja en el centro, a la altura de la cintura de un viandante casual. Visualmente ofensivos, ciertamente, pero no mucho más que el mobiliario urbano en uso; es más, durante las (cercanas) Navidades estarían en perfecta sintonía con el aspecto general de cualquier calle madrileña.

Instalados estos nuevos muebles urbanos, volvamos los ojos a nuestro protagonista. El vándalo Paco llega a la altura de una cabina telefónica ordinaria, pero algo atrae irresistiblemente su atención; casi sin darse cuenta, se acerca y ya está ante un objeto nuevo y fascinante. "Aquí está", diría, cautivado, "con esos colores tan vivos, y todo lleno de cosas que suenan, ¡tiene que hacer tanto ruido...!". El vándalo Paco se da cuenta, sin embargo, de que algo va mal: el objeto no tiene una utilidad evidente, aparte de la de ser pateado; parece demasiado bueno para ser verdad, y eso le detiene. Sin embargo, al segundo su naturaleza comienza a clamar por sus derechos en su fuero interno; una gota de sudor se desliza por su frente ante la mirada divertida que, de reojo, le dirige un jubilado sentado en el banco adyacente. El vándalo Paco intenta mantener la calma, pero la forzada inmovilidad de su cara se ve perturbada por la aparición de un espasmódico movimiento de su ceja derecha que delata que el hilo de su autocontrol está a punto de romperse. Finalmente, Paco toma carrerilla, se lanza hacia adelante y, alzando el pie en plan Oliver Atton, patea con todas sus fuerzas el misterioso adminículo.

Cuando despierta de la inconsciencia provocada por el shock eléctrico (causado por la conexión de la diana roja a la red general), es para descubrir que está en la misma esquina donde había perdido el conocimiento. Sin embargo, se le ha amordazado, ha sido pintado de amarillo y verde, se le han puesto campanillas por todo el cuerpo, dos grandes bocinas en la coronilla, elementos rompibles y que le han colgado de la cintura una gran diana roja. El jubilado del banco dirige de reojo una mirada divertida al vándalo Pepe, que se acerca maravillado al objeto de su fascinación...

2006/11/21

Si Supermán levantara la cabeza...

Prosiguiendo con mis post sobre denuncias sociales -y, creo, a un nivel distinto de lo habitual-, tras las flagrantes estafas que se demostraron cometían todas esas empresas de pacotilla que venden chorradas para el móvil, o esos nuevos programas concurso-tongo que elevaron "La tienda en Casa" a la epopeya del séptimo arte, esta vez le ha tocado el turno a las cabinas telefónicas.

La otra vez iba yo camino de la oficina de Correos en Cibeles, cuando me percaté de que debía realizar una llamada y, vaya, no tenía el móvil. Oteé la zona y, bingo, seis cabinas de Telefónica al otro lado del paso de cebra. Una chica hablaba en una... ¡y las otras cinco estaban rotas!!! La moneda, por supuesto, a la porra. Hay dos tipos de cabinas: las rotas y las llamadas cabinas-trampa. Las primeras suelen ser el resultado de las segundas, en cuanto alguien, tras ser engañado repetidas veces, agarra el teléfono y lo estampa frenéticamente, cual avecilla de corral en celo, hasta que se parte en dos (muy habitual). Las segundas son producto del ingenio y la imaginación de gentes no muy socializadas, vamos, en general de hijos de puta que se creen muy listos y utilizan las cabinas a modo de hucha (no, no de pobrecitos viejecitos desahuciados). Los tipos de trampas que he llegado a identificar son las siguientes:

Trampa 1: metes la moneda, se la traga, no da crédito, pulsas devolución y la jodida trampillita del cambio está soldada quien sabe con qué clase de mierda.

Trampa 2: metes la moneda, pulsas el botón ese para empujarla, la máquina no la traga y el botón se queda incrustado, con tu moneda escondida.

Trampa 3: metes la moneda, no hay crédito, pulsas devolución y el botón está fofo y no funciona, adiós monedita.



Esto que cuento... ¿os parece gracioso? Detrás de este procedimiento tan sencillo, se esconde la razón fundamental por la que siempre seremos unos pobres seres limitados, condenados a arrastrarnos en este mundo hasta que los alienígenas nos declaren zoo estelar. Desde la Telefónica, hasta los agentes de la ley, pasando por los rateros y los propios usuarios... cada uno se limita a seguir su camino, como un rebaño de cabras...

La empresa Telefónica: "invierto en cabinas, luego me las sabotean una y otra vez, no gano un puto duro, sino en todo caso lo pierdo, ya ni mando a los empleados pertinentes a recoger las recaudaciones, bah, a tomar por culo, putos bárbaros, las cabinas de adorno".

El agente de la ley: "con este suelto de mierda, a por el top manta y los chinos, ¿qué coño voy a estar yo vigilando una puñetera cabina para que me salga un tío chungo?".

El ratero: "qué listo soy, en vez de haber ido al colegio, me la paso estafando a la gente, je, je, ancianos, inmigrantes, pues eso, ¡gilipollas que siguen usando las cabinas! Y vaya, el recuento de hoy: 3 cabinas arruinadas y 7 euros, ¡soy un genio!".

El usuario: "maldita mierda de cabinas, yaaaargh, ¡faca, raca, zaca! Ah, ah, ah... ya, total, ¿para qué voy a llamar al teléfono este de reclamaciones si nadie hace nada?".

Eccolo il cappuccino: un pò di latte, del caffè, zucchero e, naturalmente, la spuma che cresce! Qué maravillosa combinación de estupidez, qué soberbio ejemplo de limitación, pobres necios quienes piensan que el hombre tiene capacidades ilimitadas, ¡cuando es tan absurdo como para llevar AÑOS Y AÑOS con este panorama de mierda sin que nadie haga nadaaaaa! Para quien sea creyente, he tenido una visión: a mi me parece que eso que dice la Biblia de que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios se refiere a que somos los únicos seres, al menos por el momento, capaces de elevar su percepción, o como queráis llamarlo, por encima de la mediocridad, hasta niveles cuasi divinos, para darse cuenta de la mierda que somos. ¿Os imagináis al rebaño de mencionadas cabras pensando: "beeh, beeh, jodeer, si queeee somos gilipoooollaaas"? No, las cabras están al máximo nivel, no dan más de sí. Sin embargo, los hombres, aunque tampoco damos más de sí, somos capaces de discernir nuestras propias limitaciones, lo cual, bien pensado, no deja de ser curioso.

Para quien quiera extraer algo práctico del artículo, comprobaciones pertinentes antes de usar una cabina:

1- Comprobar que la trampillita se abre normalmente y que nada obstruye el conducto (no, jamás han metido jeringuillas con SIDA ahí, querido lector).
2- Comprobar que el botoncito de devolución ejerce cierta resistencia al pulsarlo y que, en efecto, vualve claramente a la posición inicial.
3- Comprobar que el botón que empuja la moneda se mueve adelante y atrás normalmente.
4- Comprobar que la cabina acepta no sólo tarjeta, sino también moneda.
5- Comprobar que la cabina da señal.
6- Comprobar que los botones emiten tonos audibles.

Dicen que el estado de los inmuebles públicos dice mucho de un país... seguramente tienen razón.

Un saludo!

2006/11/19

“La Buena Suerte”… para algunos

Este es un artículo atípico. Lamentablemente no tengo ninguna teoría que demostrar o refutar. En nuestra sociedad existen grandes contradicciones, sucesos misteriosos que nadie sabe por qué pasan, pero que ahí están. Si a alguien se le ocurre alguna idea al respecto ruego la comparta con este desconcertado observador.

Hace unos días leí que Alex Rovira, coautor del libro “La Buena Suerte” junto a Fernando Trías estaba abrumado por el éxito de ventas de sus libros en Japón. No sólo en Japón. De este libro se han vendido millones de copias en todo el mundo… Al leer esta noticia recordé que yo mismo leí el relato en un pdf que mi jefe de aquella época nos reenvió a todos. Y la verdad es que este es el tipo de cosas que escapan a mi capacidad de comprensión.

Por si acaso os cuento algo sobre el libro. Lo he buscado en una web y he visto la portada. Empezamos mal. El subtítulo reza: “claves de la prosperidad”, que es algo como decir “el secreto del éxito”. Vamos a ver… entonces el éxito es algo real, alcanzable y objetivo, y estos dos ¿genios? nos van a decir cómo conseguirlo. Bien. Por sólo 10 euros. Parece asequible ¿no?

En realidad no es más que un cuento escrito por dos empresarios - economistas - consultores - profesores. Un minúsculo manual de comportamiento que se lee en media hora. La base del relato es la diferencia entre la “suerte” y la “Buena Suerte”. Sí, sí; con mayúsculas. Para que quede claro. Te proponen ideas tan revolucionarias como crear circunstancias favorables continuamente, esperar pacientemente a que llegue la oportunidad y actuar. Dos millones de libros vendidos sólo en Japón. Libro del año en 2004.

No sólo eso. He buscado en san google y todos los comentarios de los lectores (miles) van por el mismo camino: “una obra maestra”, “un libro inspirador” y el más recurrente “ha cambiado mi vida por completo”. Repito, no entiendo nada. Es un libro mal escrito que sólo te dice que trabajes y la suerte (perdón, la Buena Suerte) llegará por sí sola. Y si no llega es porque no trabajas lo suficiente.

Ya sé, ya sé; los libros de autoayuda son necesarios. Pueden realmente dar un empujón a alguien en circunstancias muy especiales. No es eso lo que me irrita. Lo que no entiendo es por qué ese tipo de literatura (¿?) está mal vista y poco valorada mientras que este libro, sin embargo, vende millones de copias en todo el mundo, aparece frecuentemente en los periódicos más serios y está considerado como una obra emocionante, reveladora y casi mística. De hecho parece ser que este libro tiene más éxito entre los “hombres de éxito” (redundancia y contradicción). Hombres maduros, ricos empresarios que han construido su propia fortuna partiendo de cero. Personas que ya saben lo que es “triunfar” en la vida.

De verdad que estoy perdido, ¿alguna teoría? Al menos espero inspirar alguna “reflexión filosófica” de Mike… En fin, se trata de uno más de los enigmas de nuestro tiempo, uno de los más asombrosos e inexplicables. Lo que está claro es que a una media de 10 euros el libro, más de dos millones de copias vendidas… Sí, el libro le ha traído auténtica “Buena Suerte” a alguien.

2006/11/14

Alta fidelidad (2000)

http://www.youtube.com/watch?v=cYlgccyj0jY


Director: Stephen Frears
Canción: Baby I love yor way
Autor:Peter Frampton
Reparto: John Cusack, Jack Black, Todd Louiso,Iben Hjejle, Cateherine Z Jhones, Tim Robbins,Lisa Bonet.

Cuando una novela se adapta con rigurosidad, hay cuidar al máximo el guión para que el lenguaje cinematográfico no altere el espíritu de la obra original. Es fundamental encontrar a los actores adecuados que puedan dar vida a los personajes convirtiéndolos en suyos. Si además somos capaces de llegar al espectador sin necesidad de campañas multimillonarias, obtendremos una película de culto que permanecerá para siempre en el top-ten de "las diez películas que marcan estilo".

Si una canción mediocre la canta la hija de Bill Cosby, es una canción cojonuda.