2012/09/25

El proceso de "chinización"

Últimamente me he dado cuenta de una cosa. Siempre la he sabido, como todos, pero ha sido hace poco cuando le he dado forma y sentido. Voy a hablar de algo que yo llamo el proceso de "chinización". El término se refiere a lo que está haciendo China, es decir, fabricar productos a bajos costes comprometiendo la calidad de los mismos, pero creando una fortísima competencia con occidente. Habrá quien me diga que hay productos chinos de calidad y yo le doy la razón; es más, si alguien lee este post dentro de unos años seguro que estas palabras sonarán de coña, como cuando hace ya unos cuantos lustros se pensaba lo mismo de los productos japoneses. Pero lo importante a efectos de mi discurso es la tendencia de esta "chinización" generalizada en el momento actual: muchas horas de trabajo, salarios muy bajos, precios imbatibles.

Precios imbatibles... precio, precio, precio, el maravilloso precio. Está claro que a todo el mundo le gusta encontrar gangas, comprar barato, ser el más avispado. La sensación de que otros paguen dos y tres veces más por lo mismo o similar realmente es algo que te hace sentir más listo... hasta que te pasas. En el caso chino que mencionaba, la tentación de comprar móviles, tablets y en general toda clase de productos electrónicos sin marca conocida y a precios diez veces menores, esperando encontrar algo soprendente, es considerable. La verdad, sin embargo, es que la mayoría de eso productos son mediocres y, de no serlo, ya no son tan baratos. ¿Pero por qué nos lanzamos a repetir la experiencia? ¿Tan fuerte es el reclamo del dinero? Mi opinión es que, en el bolsillo de una persona normal (osea una que tiene que hacer cuentas para llegar a fin de mes), el precio supone un 70% del peso de la decisión, por mucho que adornes un producto con garantías, calidades extraordinarias, servicio perfecto y demás.


...El problema es que les estamos copiando. A los chinos, digo. Porque ahora, en plena crisis, todo el mundo va a lo barato. Unos se estrellarán contra un producto o servicio lamentable, otros tendrén más suerte, pero todos repetirán, buscando y buscando, descartando unas ofertas y eligiendo otras, y finalmente tendrán su ganga para comprar ropa, su ganga para comprar libros, su ganga para comprar comida, su ganga para viajar, su ganga para comer fuera de casa, etc. Tal y como están las cosas, ¡a ver quién es el listo que se gasta un pastón en cualquier capricho!

Hasta ahí todo bien, aparentemente: mientras esas personas conserven su poder adquisitivo, cuanto más bonito y barato consuman mejor para ellas. Pero ay amigo, algún día la "chinización" llamará también a la puerta de su propia rama laboral y ya no serán los restaurantes los que tengan menús cada vez más baratos, o los vuelos de avión los que cuesten 20 euros. No. Será en su propio trabajo donde empiecen a tirarse los precios por los suelos, donde se empiece a contratar personal por una miseria y, de la noche a la mañana, su poder adquisitivo se reducirá a la mitad y esas gangas ya no serán tales, sino el pan de cada día. Sólo que, sin darse cuenta, esas personas habrán alimentado la inmensa rueda que nos está empobreciendo a todos.

Esto es lo que yo llamo "chinización": la peligrosa tendencia a competir a base de tirar por los suelos los precios y por consiguiente los salarios. Antes era algo "de inmigrantes": entrabas en uno de esos restaurantes razonablemente buenos y sorprendentemente baratos y, efectivamente, todos los camareros eran de fuera, seguramente con sueldos de vergüenza. "Que trabajen los españoles", decía algún ignorante al que el tema no le afectaba. Otros, al contrario, decían en tono despectivo que los "panchitos" nos quitaban el trabajo a los de aquí... Pero lo que nunca nadie llegó a pensar es que seríamos nosotros mismos quienes nos ofreciésemos encantados a las fauces del esclavismo. Por ejemplo, hace poco vi una empresa de ETT que ofrecía a profesores de idiomas, monitores de gimnasia, profesores de baile de salón, etc. un sueldo de 6,29 euros BRUTOS la hora. Es sangrante ver cómo determinados jerifaltes sin escrúpulos se aprovechan de la coyuntura económica, pero más patético es ver cómo van hacia su propia ruina con los ojos cerrados.


Porque dejemos una cosa clara: los empresarios son igual de idiotas que los trabajadores que se ofrecen por una miseria, ya que su enriquecimiento aparente pronto degenerará en un empobrecimiento de todos los sectores y en definitiva de la gente, que es la que compra y consume sus productos. En definitiva, se nos dijo que esta crisis ha acabado estallando por la estupidez generalizada de todo el mundo, por esos que compraban una casa y la revendían un 20% más cara a los 6 meses. Y pasará lo mismo de siempre, a saber: "Oiga, ¡no voy a ser yo menos!" -en este caso concreto "no voy a ser yo el que se gaste más dinero habiendo tantas gangas"-, lo que habitualmente se conoce como "tonto el último". Y así, entre la locura generalizada, todos nos iremos empobreciendo, vendiendo más y más barato, ganando una mierda y volviendo  a los sueldos de los años 50, cuando sólo podían salir de España los ricos. Tampoco sería tan horrible de no ser porque, en este marco, los millones de personas que ahora tienen una hipoteca media/alta acabarán debajo de un puente si nadie hace algo para remediarlo.

2012/09/14

Crisis

Leo en la portada de El País que "habrá financiación para colegios sexistas". Ojo, que ahora los colegios para niños o niñas de toda la vida son sexistas oiga; bueno, o seguramente lo sean sólo los de niños, tal y como está el percal... La crisis que tenemos, más que económica, es de una profunda gilipollez: hemos sustituido los viejos usos y costumbres por otros nuevos, sin más, que encima son completa y absolutamente amorales y vacíos de contenido ético. Pero en definitiva la gente sigue repitiendo como loros lo que "hay que pensar".

Ejemplo. En los tiempos de nuestras abuelas (puede que también los padres de muchos), si te decían que follar antes de casada era de puta, al menos pretendían que detrás hubiese una argumentación moral basada en la honra, el recato, la fidelidad, la inocencia, etc. Bastantes pamplinas, está claro, y desde luego yo no estoy de acuerdo para nada. Pero ahora lo que hacen es darte condones a los 14 años, enseñarte a chuparla en el manual del insti y decirte que si sigues siendo virgen a la mayoría de edad eres poco menos que idiota; y se hace en nombre de no se sabe exactamente qué: ¿placer? ¿liberación? ¿buen rollo? ¿vivir la vida?

Antes había un Dios, un dios que mantenía una jerarquía, una jerarquía que imponía unos usos basados, en teoría, en las palabras de ese Dios, con sus muchas contradicciones e hipocresías por supuesto. Pero, lejos de haber llegado a pensar libremente y regirnos por un código filosófico-ético independiente, o como se quiera llamar, nos han cambiado al Dios por una especie de Gran Hermano que dicta las reglas, lo que hay que decir y pensar, lo que está en la linea de lo permitido y lo que no, igual que antes, sólo que ahora el mundo se muestra si cabe más frío, más árido, más impersonal; la gente anda distraída e idiotizada, aparentemente con toda clase de caprichos mientras delante de nuestros ojos nos dan por saco en lo verdaderamente importante: el poder tener un trabajo estable, una familia unida, una casa digna... en definitiva una proyección vital, una sensación de que somos personas con una dignidad intrínseca. Y si ya no está detrás el Dios que antes tanto influia a la gente, yo me preguto: ¿qué es ahora? ¿Quién es ese Gran Hermano? ¿A qué intereses responde? ...Tal vez el ser humano siempre necesite una guía de pensamiento, tal vez el sueño de tantos filósofos no fue sino una quimera.

Desde luego, mientras siga leyendo cosas como la de El País esta mañana, con ese tufo a correctismo político que ya empieza a ser rancio, el Gran Hermano estará bien instaurado. No andaba errado mi padre al decir que lo progre, cada vez más, empieza a ser defender el catolicismo y tal.

2012/07/31

Emulación de Super Nintendo (SNES) en PSP a 100% Full Speed Real

Hay quien todavía piensa que la consola Super Nintendo no puede ser emulada como se merece en la PSP de Sony. Falso. En la red hay mucha información, tanta que desborda, por no hablar de la directamente equivocada o ambigua. En este artículo voy a tratar de poner orden a todo ello y compartir con el lector mi experiencia, esperando que alguien llegue a este rincón y pueda serle de utilidad.

Vaya por delante que soy una persona bastante purista, sin llegar a la locura, pero me gustan las cosas bien hechas. Por eso el tema de la emulación es un quebradero de cabeza para la gente como yo, porque nos negamos a emular chapuceramente cualquier cosa, queremos calidad y fidelidad a los sistemas originales emulados. Cuando he probado un emulador e iba a trompicones, directamente lo eliminaba confiando en que algún día lo pulirían. Así ha sido con muchos de los emuladores para nuestra querida PSP, que han llegado a la perfección en sus últimas versiones, como los de los sistemas CPS1, CPS2, Neo Geo, Megadrive, Turbografx y unos cuantos más. ¡Pero ay la Super Nintendo, esa emblemática consola!

El mejor emulador que había para la Super Nintendo era el Snes9xTYL, un port del famoso Snes9x para nuestras PSPs. La última versión conocida del emulador oficial fue la 0.4.2 y, la verdad y sin ánimo de ofender a nadie ni menospreciar esfuerzos, era una castaña: aceptable para esa gente que se conforma jugando con un frameskip de 3 o más y sólo quiere ver que aparece algo en la pantalla, pero definitivamente patatera para quienes hemos quemado tantas horas con la Super Nintendo original y buscamos una experiencia similar.

Rebuscando a fondo, me di cuenta de que existían varias modificaciones de este emulador, todas basadas en el mismo código y, después de probarlas todas, di con la que era de lejos la mejor. Por tanto, antes de nada, nombremos el emulador que todos necesitáis:

Snes9xTYL mecm, cuya última revisión fue la 091127 (27 de noviembre de 2009).

Cuando descubrí el emulador, como un verdadero tesoro, aún se estaba actualizando, pero el destino quiso que la última release apareciese poco después, con la fecha que os he indicado. Seguí esperando como agua de mayo, pero nada, parecía que el coder detrás del proyecto había pulido el emulador original hasta los límites. Me sorprendió ver que se trataba de un emulador relativamente desconocido, del que nadie hablaba en páginas españolas, y puedo atribuirme el haberlo dado a conocer en Scenebeta, en los comentarios a otra versión del Snes9xTYL llamada Euphoria y aparecida tiempo después.

Lo de esta versión Euphoria merece una mencion aparte: estoy seguro de que su bienintencionado coder desconocía, como casi todos, la existencia de este mecm que os estoy recomendando. El motivo es simple: Euphoria tampoco ha llegado, ni en su última versión de hace ya tiempo, a la calidad del Snes9xTYL mecm, que a todas luces sigue siendo el mejor emulador de Super Nintendo para PSP. Osea, Euphoria ha sido en realidad un proyecto de mejorar algo que ya estaba mejorado.

La última noticia que tuvimos de la emulación de Snes en PSP vino de la mano de una última release, en mi opinión bastante pretenciosa, del Snes9xTYL llamada "Ultimate Snes9xTYL Config", que no era más que la versión mecm con una configuración en teoría optimizada pero bastante mejorable. Bien, perdonad el rollo, pero ya que me pongo con esto quería hacer algo de memoria.

CONFIGURACIÓN OPTIMA PARA CORRER LA MAYORÍA DE JUEGOS A FULL SPEED REAL

En el apartado VIDEO:

Engine: PSP accel. + accur. soft.
Smoothing: yes
Speed limit switch: yes
Speed limit FPS: AUTO (detect PAL/NTSC)
Frameskip: AUTO
Vsync: yes
Render PAL as NTSC: yes
Gamma correction: 0
Show FPS: no

En el apartado SOUND:

Sound mode: emulated, output
Output frequency: 44100Hz
APU Cycles ratio: 100.00%

En el apartado MISC:

Simplemente aseguraos de que el PSP Clockspeed está en 333Mhz.

Ya os dije que soy bastante purista: sonido al máximo, sincronización vertical... ¿y los frames en AUTO? Tranquilos, porque casi todos los juegos os van a correr a full speed.

Entonces, ¿por qué no poner el frameskip directamente en 0?

Muy sencillo: porque hay muchos juegos en Super Nintendo que tienen efectos gráficos especiales, como zooms y demás virguerías que hacía la consola, y entonces los FPS se resienten y el juego va a dos por hora. La buena noticia es que poniendo el Frameskip en AUTO, en estos momentos puntuales el emulador lo aumenta para evitar la pérdida de velocidad, lo cual resulta en una sensación de juego perfecta, y luego los vuelve a dejar en 0 casi todo el tiempo. Tened en cuenta que estos momentos son muy puntuales; en los juegos como Super Mario Kart donde todo el rato hay efectos, debemos aplicar otra configuración como os explicaré luego.

¿Cuál es el error habitual y tentador? Poner el Frameskip directamente en 1, con lo cual no se nota mucho y casi todos los juegos van bien, pero no perfectos. Sin embargo, amigos, un servidor ha probado más de 100 juegos que van a full speed con el Frameskip a 0, de ahí que ponerlo en 1 para evitar las ralentizaciones puntuales es un error y en su lugar hay que usar la mencionada opción AUTO. Ya tenemos nuestro emulador de Super NES a full speed REAL.

NOTA SOBRE LA FRECUENCIA DEL SONIDO Y EL VSYNC: parece cosa de brujería, pero aunque estas dos opciones son reales, es decir, la calidad del sonido varía y la sincronización vertical se nota al estar activada, no afectan para nada a la calidad de la emulación, por eso las dejo activadas y el sonido a máxima calidad. Incluso en el propio emulador (que no deja de ser un port del Snes9xTYL original) se dice del Vsync que debería estar apagado porque se come muchos FPS... falso. ¿Cosa de la GPU? ¿Optimización del código? Ni idea, pero es como os digo.

Si quieres seguir empapándote, lector, ¿cómo he llegado a estas conclusiones? ¿Cómo saber si esta configuración va a funcionar con un juego concreto?

Podéis vosotros mismos poner en "yes" la última opción del apartado VIDEO, la de Show FPS, y comprobar cómo rinde un juego determinado. Los juegos japoneses y americanos, que son los más veloces y fluidos por una historia que alargaría demasiado este artículo, van a un máximo de 60 FPS. Por lo tanto, si ponéis temporalmente el Frameskip en 0 y con la opción Show FPS veis que éstos se mantienen a 60 (e icluso 59 y hasta 58 FPS), sabréis que volviendo a poner luego el Frameskip en AUTO se mantendrá a 0 real y sólo aumentará para evitar los problemas de realentizaciones puntuales. ¡Os vais a sorprender de la inmensa cantidad de juegos que van a full speed con este emulador!

TRUCO 1

¿Se puede hacer algo con juegos que se realentizan un poco, y poniendo el Frameskyp a 0 muestran FPS de 57, 56, 55 o hasta 50?

Sí, ¡pare eso tenemos los juegos PAL! El sistema PAL, osea, cualquier juego que tenga una (E) de Europa al final del título, en vez de una (U) o una (J) de USA y Japón respectivamente, va a un máximo de 50 FPS en vez de 60. Como ya os he dicho, estos juegos son a evitar, puesto que las versiones reales venían de fuera y en la conversión al sistema de televisión europeo perdían velocidad. Pero esa pérdida de velocidad siempre es mejor que un Frameskip de 1 en un juego americano o japonés, y supone una pequeña relajación para nuestro emulador. Un ejemplo de esto es el Donkey Kong Country: así como el 2 y el 3 van sin problemas en NTSC, el primer juego de la saga, curiosamente, se ralentiza hasta los cincuenta y pico FPS. Si en vez de poner el Frameskip en 1 te instalas la versión europea y lo dejas en AUTO, se mantendrá a 49 o 50 frames constantes, ¡esto es el juego tal cual llegó a España! Pero ojo, esto no funciona con todos los juegos: algunos extrañamente, si van algo lentos en su versión NTSC, lo hacen también en PAL, posiblemente porque la conversión original era una chapuza como desgraciadamente solía ocurrir. Es cuestión de probar.

TRUCO 2

¿Qué ocurre con esos juegos que tienen efectos especiales casi todo el tiempo, como el F-Zero o el Super Mario Kart? ¿O con los que, aún sin efectos, van lentos casi todo el tiempo y muestran FPS inferiores a 50?

En ese caso poner el Frameskip en AUTO es un error, porque el emulador lo aumentará y reducirá constantemente, y tendremos una sensación muy desagradable de que a veces todo va fluido y otras como a saltos, y no sólo eso, sino que el emulador tiende a aumentar el Frameskip más de lo necesario cuando va muy justo. En este caso y sólo en éste, es cuando debemos recurrir al Frameskip de 1. El juego irá muy bien, casi perfecto y sólo perderemos un pelín de suavidad, pero la velocidad será constante a más de 50 FPS sin sobresaltos. MUY IMPORTANTE: lo de poner el Frameskip en 1 sólo es recomendable en juegos NTSC, ya que en PAL se empieza a notar demasiado y lastra la experiencia de juego. Por tanto, los juegos PAL son UNICAMENTE para cuando podemos obtener full speed y no tener que poner juegos americanos con Frameskip en 1.

RESUMIENDO:

1- Los juegos preferiblemente siempre en NTSC, de USA o Japón.

2- La inmensa mayoría de juegos con Frameskip en AUTO. Para saber si esto es adecuado, dejáis el frameskip temporalmente en 0, ponéis "yes" en Show FPS y comprobáis que se mantengan en 58-60.

3- Si los FPS bajan de 58 y empezáis a ver 57, 56, 55 y hasta 50, probáis la versión en PAL a ver si se mantiene a 49 o 50 FPS. En ese caso se vuelve a dejar el Frameskip en AUTO.

4- Si también falla el juego PAL o si directamente veíais el juego NTSC a menos de 50 FPS, os quedáis con la versión NTSC pero dejáis configurado el Frameskip en 1.

YA ESTA. Necesita un pelín de dedicación, pero tenéis un emulador de Super Nintendo corriendo a las mil maravillas. Si no queréis liaros, poned la configuración tal y como la he detallado arriba y más del 90% de juegos os correrán a la perfección. Bueno, espero que esta perorata pueda servirle a algún peregrino que acabe en este blog, que por cierto no tiene nada que ver con la emulación. Si es así, me hará mucha ilusión que dejes algún comentario.

2012/04/20

Ideologías

Con el uso de la red social Facebook durante varios años, me doy cuenta de que, en poco tiempo, la opinión que tengo sobre alguien puede cambiar. Y, del mismo modo, estoy seguro de que también puede cambiar la opinión que alguien tiene de mi. Pienso sobre ello y entonces me doy cuenta de que no hay un motivo claro para que ocurra esto más allá de lo que podríamos denominar un choque de ideologías. Eso para quienes nos mojamos, claro.

Hablar de esto no es sencillo. ¿Qué es la ideología? Según la recurrente RAE, viene a ser un conjunto de ideas que caracterizan a una persona o grupo. Pero vamos a centrarnos en lo segundo, ya que el mismo significado puede tener sin embargo connotaciones muy distintas. Ideología, para lo que viene al caso, podría ser lo que define a la derecha o a la izquierda política, qué es ser verde, hippie, ser del Real Madrid e, incluso, católico o musulmán, puesto que las religiones también entrarían en el discurso.

Encontraríamos entonces dos posibles puntos de vista, fundamentalmente opuestos: A- Que las ideologías son un conjunto de referencias, valores e ideas que sirven de guía al individuo. O bien B- Que son un conjunto de prejuicios, reglas y dogmas que sus seguidores abrazan para no tener que pensar mucho por sí mismos. Y entre estos dos puntos de vista tan distintos, una cosa es común: pareciera que personas de distintas ideologías viven en mundos diferentes; ya lo decía Hegel, que la ideología es una representación de la realidad que sustituye a la realidad misma y por tanto fuente de desconocimiento.

Ahora volvamos a los dos puntos, A y B, y volvamos también al inicio del post, donde decía que la opinión sobre otro puede cambiar en buena medida por un choque ideológico. Pero veamos, si Pepito me parecía una buenísima persona, majo, enrollado, amable, generoso, es decir, si podría destacar sus virtudes como tales, ¿por qué de pronto me parece estúpido, al descubrir que nuestras ideologías chocan? Por consiguiente, si realmente se diese la situación A, entonces ¿cómo una ideología que me parece negativa va a servir de inspiración a una persona que al mismo tiempo me parecía encantadora? Y es que no es así, sino más bien el caso B: personas que pueden ser buenas por sí mismas, de valores y principios positivos, adoptan luego una ideología, mucho más tarde, seguramente porque les han dicho o enseñado que es la correcta. Por eso hay gilipollas y buenas personas de derechas, de izquierdas, ateos, cristianos, hippies y del Real Madrid, simple y llanamente.

La ideología, por tanto, pareciera un enredo de normas prefabricadas. Pero esas normas, necesariamente, deben provenir en el tiempo de unas ideas originales: ahí es donde el individuo avispado, quien no se conforma sólo con tener la cesta de alfalfa llena, puede emprender un peregrinaje hacia la fuente, es decir, hacia las ideas mismas, y sólo así utilizar la ideología como una inspiración y no como una limitación. Y ya le voy adelantando al lector que esta búsqueda implica necesariamente la revisión de muchas ideas "propias", puesto que es iluso pretender que personas de distinta procedencia, edad y condición compartan las mismas ideas y al mismo tiempo éstas sean personales. Es lo que yo llamo el "set de baño": es decir, si me gusta esta marca de desodorante, ¿por qué tengo también que elegir la misma marca de colonia, pasta de dientes y gel de baño? Mientras así sea, la ideología no es más que algo predefinido, abrazado ante lo que seguramente será una ausencia de criterios propios.

Llegados a este punto, tenemos dos cosas a distinguir: la diferencia entre el bueno-malo y la diferencia entre el tonto-listo. La primera distinción, como hemos visto, es previa a la ideología misma: no caigamos en el error de pensar que, porque alguien se llene la boca hablando siempre de esto, o de aquello, por mucho que choque con nuestra propia ideología, tiene que ser mala persona, o en definitiva un gilipollas. Muy probablemente ambas partes sean víctimas de su propia ideología, y se enemisten y recelen la una de la otra por un montón de cosas que, en realidad, no les afectan para nada. Piénsalo, lector: entre la gente que no comulga con tus ideas, ¿acaso no eres capaz de distinguir que hay buenas y malas personas? Aún más, entre quienes comparten tu ideología, ¿no ves que también hay auténticos cretinos? La maldad, o mejor diremos la hijaputez para entendernos bien -el concepto de malo se asocia demasiado al villano de una película, cuando una persona mala es en realidad aquella que, por pequeñas cosas y poco a poco, te pueden ir dando por saco-, es algo que definitivamente no proviene de ideologías, por mucho que le cueste creérselo a los que ya han sucumbido a una u otra.

Y hablando de sucumbir, eso nos lleva a la segunda distinción, la del tonto-listo. Cada ideología esconde una serie de conceptos que vamos descubriendo, fundamentalmente con el tiempo, hasta que su cantidad llega a abrumar: multitud de datos, de escritos, de personas razonando sobre esto y aquello, de alegaciones y justificaciones, teorías y toda una maquinaria tentadora, pero que impide ver lo más importante: ¿en qué se apoya? Es como quien descubre un tesoro y, distraído con las monedas de oro y los collares de perlas, no ahonda lo suficiente como para identificar ese gran diamante que se esconde en lo más hondo. Imaginemos por un momento que alguien, en vez de distraerse con todos los accesorios, fuese cambiando de tesoro, de uno a otro, extrayendo directamente ese gran diamante que es la justificación de todo lo demás, la verdadera fuente que sirve de inspiración, lo que enseña pero no impone... Pues ese es el listo, osea el avispado que decía antes. Es en definitiva aquella persona que pueda hacer una explicación razonada de su ideología, ser crítico con la misma y, probablemente, tomar elementos de otras, incluso aparentemente contradictorias. Si no es así, por muy bien que escriba y muchos libros que haya leído, no estará más que haciendo un mejor inventario de las monedas, pero se habrás perdido el diamante. Voy más lejos: prefiero al bobo pancartero, probablemente incapaz de explicar lo que "piensa" más que con cuatro eslóganes prefabricados (tan frencuente en Facebook...), a quien, teniendo el potencial para ver más allá, se queda en lo mismo, pero de forma algo más ilustrada.

Concluyo: las ideologías por tanto no deben servirnos como limitación, sino como inspiración. No reneguemos de las ajenas ni nos sintamos heridos en las propias, puesto que somos personas y nuestras ideas deben ser exclusivamente nuestras, no de otros ni de ningún colectivo. Distingamos entre una agresión hacia nosotros y hacia un grupo de ideas con las que simplemente podemos identificamos; porque si realmente las entendemos, veremos que no estamos tan a la defensiva y hasta, quien sabe, puede que empecemos a cuestionarnos según qué cosas para enriquecernos. Dicho de otra forma: si nuestra ideología, en vez de inspirarnos, lo que hace es llenar el vacío de nuestras propias ideas, es normal que nos enfademos cuando la critican, puesto que critican parte de nosotros; pero esa parte no es lo que somos, sino lo que hemos tomado como nuestro, tanto más cuanto más simples somos.

A pesar de todo, si en la búsqueda de la verdad te encuentras con alguien que, además de malo, también es tonto y encima tiene una ideología opuesta a la tuya... ¡no pierdas el tiempo!

2012/03/05

Igualdad (real), divino tesoro

La otra vez, charlando, estuve pensando sobre una verdad: hay hombres que se sienten cómodos con una novia muy celosa. La primera idea ante esto es que, probablemente, ambos miembros de la pareja mantengan una de esas relaciones que ahora se da por denominar "tóxicas". Es decir, una especie de círculo vicioso que, a cada giro, va hundiendo aún más a las partes implicadas hasta reducirlas a poco menos que espectros de personas en según qué casos. Y ojo, porque todos están expuestos a vivir esta toxicidad, sobre todo cuando nunca lo han hecho; si por el contrario ya la han experimentado, probablemente huirán salvo que haya de por medio problemas psicológicos reales, dependencias enfermizas o inseguridades preocupantes. Pero mientras vivan esta experiencia por primera vez, tal vez no sean conscientes del hoyo donde se ha instaurado su relación: tenemos casos a mansalva en la toda esa colección de hombres que ponen una cara para sus amigos y otra para su mujer, diciéndole a ésta que el resto del género femenino no existe para ellos. Nadie se lo cree, pero con la intención de creérselo pareciera bastar. A veces estas relaciones perduran con unas pinceladas de autoengaño, otras se acaban derrumbando, pero siempre quedará un poso de mentira, de desconfianza, de hipocresía.

Sin embargo hay otro tipo de relación tortuosa y, al mismo tiempo, aceptada conscientemente. Es verdad, salió en aquella conversación: hay quien vive estas relaciones mal llamadas apasionadas y se siente cómodo, pero tiene una explicación en el juego de roles, a partir de un machismo trasnochado y una sexualidad mal entendida. El lector podrá salir a buscar ejemplos varios en todos esos locales de salsa y música latina de la ciudad, donde servidor tuvo la ocasión de pulular por otro tipo de relación mal entendida, que ahora no viene al caso. Allí los hombres, machos como les gusta sentirse, lo son más cuanto más "chingan" y "maman", mientras que las novias, "churrias" si se acercan a menos de medio metro de cualquier otro hombre, hacen las veces de guardesas de sus viriles novios, animados por la fuerza natural del esperma en ebullición. Oye, y todos lo aceptan...


Explicado de una forma mucho más sencilla: hay parejas que se sienten cómodas con este rol de la mujer celosísima sencillamente porque está totalmente justificado. Los celos pueden destruir una relación, pero cuando ésta debería estar rota desde mucho antes por otras causas, los celos son una forma de amalgama in extremis. La novia, que estuvo meneando el culo hasta conseguir pareja, sabe que su macho sale a "hasel maldades" todo lo que puede, alternarnando con otras efebas que mueven las nalgas como ella lo hiciera en su día y sintiéndose tanto más hombre cuantas más conquistas sume; y no sólo lo sabe, sino que la muchacha lo acepta como atributo varonil e inevitable de su pareja. Y este prototipo de semi-hombre, conociéndose, delega su conciencia en la parienta: si le pilla toca bronca, consuelo consiguiente y "eres la madre de mis hijos", si no tiene vía libre para que sus hormonas se explayen. Ella vigila cual gorila, mientras que él se evade cual rata, ¡lo cual no deja de ser irónico! Es lo que pasa cuando la masculinidad es mal entendida y, sobre los principios de honestidad, honor, deber, valor que podrían atribuirse a un hombre, se antepone el mamoneo cutre de ligón de instituto. Por supuesto puede ser al revés, aunque en estos casos la cosa suele acabar peor, con alguna galleta en la cara de la mujer que delata ese ojo morado o ese labio partido tan tristemente comunes en estos círculos, que por supuesto no se limitan a locales de música latina, sino a la aceptación de la estupidez, propia y ajena, como modo de vida.

Sin embargo, hace poco también mantenía una charla sobre eso que ahora llaman igualdad, pervirtiendo la palabra una vez más. Un amigo que hace un máster sobre esto y con el que ya debatí en su día, aún siendo reticente a darme la razón, me ha acabado confesando: "es una secta de intransigentes y borregos, estoy hasta los cojones de la puta igualdad". ¿Y qué es esta falsa igualdad? No será la de los derechos y deberes, seguro. Es más bien darle la vuelta a la tortilla y negar lo de los dos párrafos anteriores mediante la inversión de disparates. Así nos encontramos con las ya clásicas frases hechas, lugares comunes, mentiras disfrazadas y, en el fondo de todo eso, el mayor de los machismos encubiertos, consistente en decirle a una mujer que para prosperar y hacerse respetar debe ser un "hombre con coño", es decir, pensar, actuar, sentir y manifestarse como un hombre, atribuyendo a las características típicamente femininas (sensibilidad, ternura, comprensión, maternidad...) un halo casi de vergüenza y de inferioridad. Ellas se resisten a pesar del bombardeo mediático, aún hoy, porque está en su naturaleza aunque se lo nieguen; y así vemos cómo triunfan bailes típicamente femeninos importados de otras culturas, como la danza del vientre, la coreografía bollywoodiense, el baile tribal, la mencionada música latina, etc. Quieren sentirse mujeres sin verse juzgadas por el omnipresente Gran Hermano, y ahí se desahogan. Por eso mismo también corren a los brazos de esos machitos de corral que mencionaba antes, porque ahí encuentran algo parecido al hombre cortés que esperan, según sus propias palabras. Encuentran, en definitiva, algo distinto y característico, que sin embargo aquí diluimos en la sopa de miembros y miembras, complejos y estupidez "ad nauseam". Por supuesto detrás están los de siempre, azuzando a su rebaño, sólo que en vez de perros pastores ahora sólo necesitan una propaganda perfectamente diseñada y sembrada de eufemismos, cacareada por la gran mayoría de esclavos ya desprovistos de dignidad. ¿Por qué? Es neolengua, es relativización de valores, son familias rotas, es mano de obra barata, son seres clónicos, es un mundo donde nada se distingue y todo se desvirtúa. ¿Para qué privar a los individuos de libertad, si puedes privarles de valores y referencias en un pastiche informe?


Y así nos encontramos de lo primero a lo segundo. De que Jefferson Rodríguez tenga ya cuatro hijos de tres niñas distintas de 15 años, una de las cuales es su mujer, encerrada en casa y arañando la pared de celos mientras su machote se va de parranda... De eso, decía, a que la señorita occidental adoctrinada por la sociedad, muy moderna ella, vea como su matriz se seca li-te-ral-men-te antes de tener un hijo, tratando de realizarse en algo que nunca la llenará tanto como el mayor de los dones. Eso si no ha abortado en el transcurso, víctima terrible y última, más allá de cualquier otra consideración, de esta trampa literalmente mortal. Luego, cuando una mujer tiene un hijo rondando los cuarenta, suele decir "¡si lo hubiera sabido antes!", pero ocurre como con el carnet de conducir: que cuando lo tienes ya te olvidas de todo, consciente de la mafia que hay detrás e incapaz de luchar contra la enorme rueda que gira inercialmente. Se pasa de lo primero a lo segundo y, por el camino, se pierde el hilo de la sensatez misma en esta jungla que es la sociedad del siglo XXI. Se pierde todo vestigio de confianza y apoyo mientras la familia se desdibuja y se pasa de blanco a negro o viceversa con la connivencia de toda la ciudadanía, término que se ha pervertido para definir a una masa de idiotas. Se pasa, en definitiva, de que el machista le rompa la cara a SU hembra, a que una mujer denuncie a su novio y, preventivamente, éste ingrese en prisión sin juicio, sobre lo que por cierto ya hay documentales extranjeros alertando. Igualdades para lo que conviene, diferencias para lo que interesa, en última instancia consignas. Así estamos.

El nuevo milenio ha traído consigo toda la mugre anidada lenta, pero inexobrablemente años atrás, en el convulso siglo XX. Pero es de un tiempo a esta parte cuando ha eclosionado, salpicándonos a todos. Y detrás está el dinero... el dinero loco, el dinero cerdo, el dinero sin ley, sin piedad, esto es la ambición, estos son los altares demoníacos, el mal en estado puro, si es que aún se puede decir esto sin que te relativicen. Estoy aburrido de ver cómo las políticas de uno u otro bando sirven a este propósito siniestro, complementándose mutuamente en un mismo engranaje que destruye valores y dignidades alternativamente. También estoy cansado de escribir en estos términos: parezco un vejestorio y tengo 33 años, pero reniego de muchas cosas que veo, del pensamiento teledirigido. Yo mismo estoy en parte dominado por este mal, que nadie se lleve a engaño, todos lo estamos; pero los que aún conservamos la capacidad de rebelarnos somos verdaderos proscritos, impotentes, resignados. Debemos vivir como las avestruces, escondiendo la cabeza y centrándonos en nosotros mismos y nuestro círculo más íntimo, conscientes sin embargo de que el entorno está ahí, al acecho. Somos humanos refugiados en nuestras casas, rodeadas de zombies sedientos de sangre. El individualismo está en auge, compañero del egoísmo. Y se alimenta mientras nos hablan de exóticas campañas solidarias y humanitarias en una paradoja hiperbólica, es decir, mientras los zombies nos cantan y cada vez más empiezan a parecernos sirenas...

2012/01/20

Aproximación a la cuestión del alma

Hace un tiempo me dio por escribir un post sobre la presumible demostración racional de la existencia de Dios:

->Click aquí para ver aquel post<-

No me refería al Dios de ninguna religión en concreto, sino al concepto de Dios mismo. En aquel post, de una forma sencilla, creo haber dejado patente que la razón, tal y como la entendemos, es previa a nosotros mismos y rige las "reglas del juego". Por tanto, los hombres no somos creadores de razón, sino intérpretes de la misma. Y esa razón, en cuanto entendida como tal, debe ser fuente de algo innegablemente inteligente desde la perspectiva humana. En este punto los escépticos sacan a relucir la magia cuando la ciencia no les asiste: en su opinión estas reglas, que indudablemente reconocen como tales, serían producto del azar, repitiéndose un fenómeno innumerables veces hasta que en una de ellas, por pequeña que sea la probabilidad, de pronto todo encaja y surge la armonía del caos más absoluto. O dicho de otra forma, que si coges 35 cubos de pintura y los arrojas a un lienzo infinitas veces, al final aparecen las Meninas exactamente clavadas al cuadro original. Yo, sin embargo, soy de los que piensan que, detrás de las Meninas y su belleza, hay sencillamente un señor llamado Velázquez. También lo pensaba Darwin, por cierto. A mi esa explicación del ciclo infinito no se sabe por qué, de una especie de sopa cósmica que tampoco se entiende de donde viene y que se repite incesantemente en función de nada concreto, francamente me suena a cuento chino; es una manera forzada de dar una explicación que, de puro absurda, pasa de pseudocientífica con alfileres a directamente fantástica, sobre algo que parece mucho más asumible para la razón humana: a saber, que existe un Creador de toda esa armonía y equilibrio. Y como un creador debe tener otro creador y así sucesivamente, al final se llega a uno que no tiene, fuente de todo, perfecto en sí mismo, único y eterno, prácticamente ininteligible para la razón (pero no la conciencia) humana.


Sirva esta introducción para refrescar la memoria y entrar en materia, y prosigamos con lo que nos ocupa... De un tiempo a esta parte y a raíz de un libro muy interesante que he leído titulado "El átomo y el alma", de Kurt Sausgruber, me he empezado a plantear si también existen argumentos racionales que puedan apoyar la existencia del alma. Tampoco vista como algo estrictamente religioso, sino en un sentido más abstracto y amplio del término, como una "fuerza" existente, pero ajena a la materia tal y como la conocemos en cuanto no mesurable, motor de eso excepcional que es la vida. ¿Y por qué no? ¿Creemos saberlo todo? Entre una piedra y un perro, ¿sólo hay una distinta ordenación de los átomos? ¿O por el contrario la intuición dice que hay algo más que los diferencia? Y lo que es más importante, ¿qué es esa intuición y de dónde viene? Sin ánimo de ofrecer respuestas concretas, creo que se puede apuntar a una serie de reflexiones interesantes.

Leyendo el citado libro y entre algunas aseveraciones cuanto menos cuestionables, sí que pude encontrar las pistas para enarbolar un razonamiento bastante sólido. Me explico. En ese orden de que hablábamos al principio y que es el Cosmos, venga de la sopa cósmica, venga de un creador, o venga de donde se quiera, el caso es que al final hay unas normas, unas leyes físicas y matemáticas, algunas descubiertas por el hombre, otras por descubrir pero que ahí están. Y esas reglas, hasta donde se sabe, son universales mientras no vengan otras que las pongan patas arriba, pero esas nuevas seguirán siendo reglas al fin y al cabo. Hay un equilibrio, una estabilidad que se basa en una tendencia de la materia a la entropía; y esa tendencia es la que nos ha permitido estudiarla: si dos átomos distintos tienden a unirse de determinada manera en unas condiciones específicas, lo harán una y un millón de veces, exactamente igual, formando cuerpos más complejos que a su vez se combinarán de otras formas, previsibles y cuantificables precisamente porque hay unas normas. No soy ni mucho menos un experto en la materia, pero sabemos por qué hay sólidos, líquidos y gases, cómo se comportan y cómo reaccionarán mezclándose entre sí en un medio determinado, que es exactamente igual. Esto no hace sino reforzar, de una forma contundente, todo cuanto argumentaba en mi viejo post y que recordaba al principio de éste.


Pero entonces, en medio del Universo y de todas estas reglas, algo pasa. Es algo excepcional y único: por algún motivo, una serie de átomos rompen esas reglas y no sólo eso, sino que al romperlas perduran, formando otra cosa distinta que es la vida. Y aquí nuevamente tendremos que escuchar el mismo argumento de los escépticos: después de incontables choques y mezclas de átomos, osea de piedras con gases y demás materia, antes o después habrá un resultado que genere la primera célula estable, y ésta seguirá creciendo y multiplicándose, y acabará formando vidas más complejas y variadas, todo ello en nombre de un azar repetido hasta el infinito. Aunque no está muy claro cómo se forma la célula, ni por qué crece o forma órganos, ni tejidos, ni cómo o en virtud de qué lo hace. O sea que ya tendríamos dos azares: el que crea la ordenación universal y el que, dentro de la misma, hace aparecer la vida contra todo pronóstico y de forma sostenible. Aún más: si hemos dicho que existen unas reglas que se repiten indefinidamente, ¿por qué deberían romperse, incluso en un proceso que presumiblemente tienda al infinito? Yo veo muchas teorías sobre choques de materia, pero poca explicación de las mismas y mucha sopa boba (nunca mejor dicho). En su lugar me planteo: ¿existe algo que, desde fuera de las reglas físicas, insufla vida a la materia? ¿Podría ser ese algo lo que llamamos alma? ¿Podría ser la vida el vehículo material de ese ente abstracto? Pero entonces, ¿por qué hay vidas tan distintas? Podrá comprobarse que, según mi argumentación, el alma a que me refiero sería algo en común a todos los seres vivos.

La vida tiende a la ectropía (que no entropía) y sólo se mantiene por una perfecta armonía entre las distintas partes que la componen, ya que por separado éstas se autodestruirían: quítale el corazón a un hombre y el resto del cuerpo se colapsará de inmediato. Las partes del cuerpo no liberan energía y en su lugar la consumen, no tienden al equilibrio, sino que son compensadas por otras, y el resultado final es en definitiva una combinación fascinante e insólitamente estable. El cerebro es el encargado de coordinar todos estas funciones, pero también está formado por átomos "rebeldes" y, como tal, no puede ser en ningún caso origen de este particular equilibrio sino motor del mismo. No es que pensemos por el alma: hay una serie de procesos racionales que dependen exclusivamente de la actividad neuronal, pero esos procesos no dejan de ser cómputos, lógica e información,  no estarían "vivos" de no ser por una conciencia animadora que se manifiesta a través de (o junto a) los mismos. Luego hablaremos de esto.


La excepcionalidad de lo viviente tiene un equivalencia fácil de entender: la máquina. Como ocurre con la vida, la máquina depende de la coordinación de distintas partes para funcionar y, al igual que nosotros sentimos dolor como parte de la violación de ese equilibrio, la máquina chirría o se calienta si una de las piezas ha dejado de funcionar. Una roca no sufre, ni chirría, y si algo la destruye sencillamente se transforma y, de acuerdo con las leyes físicas, será otra pieza del puzzle. Pero si la máquina o el individuo se rompen (mueren), su razón de ser finaliza como tal: pasan a reintegrarse en las reglas del juego, vuelven a ser partes separadas, trozos, piezas en definitva, de pronto son como la roca, pero no conjunto funcionante. Y de aquí se puede extraer una conclusión reveladora: toda máquina está construida por alguien con un fin. Nadie fabricaría algo que no estuviera destinado a purificar el aire, enlatar mejillones, mover las manillas de un reloj o cualquier otra cosa; y entonces los seres vivos, esas máquinas orgánicas... ¿para qué? Mucha gente afirma que la creencia en una vida más allá de la muerte es una negación del ser humano ante la evidencia terrible de que todo acaba, es decir una pataleta, una quimera; yo sin embargo pienso que responde a algún tipo de percepción del alma y al argumento último de que no hay un sentido aparente para nuestras vidas. De hecho, a nadie le pasa inadvertido que la inmensa mayoría de astros carecen de vida alguna, por lo que ésta, como máquina, se demuestra completamente innecesaria si no tiene algún tipo de objetivo que evidentemente se nos escapa... A estas alturas el lector entenderá lo alejadas que están las posturas de la sopa cósmica repetida hasta el infinito y la del diseño claramente inteligente, y sabrá valorar por sí mismo cuál de las dos le convencen más.

¿Pero qué es el alma? Existen estudios serios realizados a mediados del siglo XX, en universidades como Harvard o Cambridge (no es moco de pavo), que demostraron un incremento del 16% en la tasa de acierto sobre lo que sería la media aritmética, ante una misma prueba realizada a nada menos que 80.000 personas. Dicha prueba consistía en separar a dos personas: a una le enseñaban una carta al azar de un conjunto y le pedían que la retuviese mentalmente; a la otra persona, en una habitación distinta, le informaban de que alguien estaba pensando en una de esas cartas y debía adivinar de cuál se trataba. Los resultados no fueron determinantes, pero sí apuntaron a un indicio de capacidades telepáticas entre los individuos. Esta aptitud, como la telequinesis o la propia intuición, forman parte de un conjunto definido como P.E. o percepción extrasensorial, que se sitúa entre la línea de lo demostrable y lo fantástico. Y, aunque todos hemos escuchado eso de que tan sólo usamos un pequeño porcentaje de nuestra capacidad mental, a nadie se le escapa que la palabra "extrasensorial" define algo que escapa a los sentidos y, como tal, no pertenece al mundo físico. Es posible que esa parte del cerebro que no usamos exista, ¿pero quién sabe si es precisamente el enlace con algo no atómico, que se adelanta al objeto, lo intuye e incluso manipula?


Luego está el tema de los sentimientos, recurrente pero igualmente interesante: no es aventurado decir que éstos pueden diferir de la lógica, siendo a menudo completamente irracionales. ¿Por qué aceptamos que muchas veces una persona sienta algo, cuando la razón le dicta lo contrario? Entonces, ¿ambas tendencias provienen del cerebro, que se contradice a sí mismo? Lo cierto es que sentimientos como el amor, la lealtad, el valor, la abnegación, que perfectamente puede mostrar una persona discapacitada mental, o incluso un animal de compañía pese a su escasa inteligencia, no está claro provengan del cerebro como fuente. Evidentemente se procesan por el mismo y se manifiestan en el cuerpo a través de diversos cambios químicos, al igual que el microprocesador de un ordenador coordina y calcula todas sus funciones, pero... ¿dónde está el usuario? En psicología, una ciencia relativamente incipiente, Dilthey es considerado como fundador de la orientación filosófica, al comprobar que determinados malestares mentales no pueden considerarse y por tanto tratarse desde un punto de vista estrictamente somático. Y sus teorías fueron sobradamente reconocidas, sentando las bases de la psicología moderna. Una persona no es sólo un conjunto de tejidos que producen reacciones eléctricas: hay unos anhelos, unas inquietudes e incluso unas aspiraciones más elevadas que, de alguna forma, resulta difícil creer no sean más que un atajo de átomos ordenados de distinta manera que los de una roca. Acostumbrados a convivir con todas estos sentimientos, creo francamente que no los valoramos en su justa medida y, bien visto, no nos paramos a pensar en lo completamente diferentes que son a todo cuanto entra por los sentidos, esto son las sensaciones.

Por tanto, ¿qué se puede extraer de toda esta parrafada? Pues, como mucho, sentar una serie de antecedentes a partir de los cuales sacar muy pocas conclusiones y muchas conjeturas. Evidentemente no iba a demostrarle a nadie qué es o si existe el alma, pero he querido dejar sobre la mesa una serie de reflexiones que a nadie pueden parecer banales. En definitiva, creo que desde un punto de vista racional no es descabellado intuir la presencia de una fuerza animadora que sostiene toda vida y cuya procedencia es desconocida, pero evidentemente ajena al mundo atómico, es decir a nuestro plano de realidad. Vuelvo a darte las gracias si has llegado hasta aquí, lector; estoy seguro de que el texto te habrá parecido tan interesante como pesado, lo cual ya es bastante.

2011/11/20

Derechos, vida y muerte

Llevaba un tiempecillo sin escribir, pero la conversación que he tenido recientemente con un buen amigo, unida a una terrible visión que me venía sobrevolando desde hace días, me han animado a ponerme con ello. Hay muchos temas sobre los que teorizar, desde los más frívolos hasta los más trascendentales; algunos se olvidan o no llegan a tomar forma, otros quedarán en este blog como testigos de lo que una vez pensamos.

Quisiera detenerme en la palabra que he empleado, trascendental, que en la RAE se define, entre otras cosas, como "que es de mucha importancia o gravedad, por sus probables consecuencias". Voy a arrancar ya y tratar de concretar lo mejor posible cuanto pienso, temo y espero de esta nueva corriente de los "derechos" tan de moda.

Los derechos como (aún) los entendemos hoy en día, es decir universales y comunes a todos los hombres, tienen su origen en la Revolución Francesa del siglo XVIII. Los mismos nacían ante la premisa "liberté, égalité, fraternité", que en castellano es libertad, igualdad y fraternidad; bajo este lema y sobre los cimientos de las sociedades cristianas, surgía el concepto del Estado moderno y su ciudadanía, las democracias tal y como las entendemos y, posteriormente, la Declaración Universal de Derechos Humanos, actualmente bajo el auspicio de Naciones Unidas. Dicha declaración viene a ser un sello de distinción para países civilizados, que por desgracia y viendo el mapamundi no son tantos como cabría esperar.

Eso son los derechos propiamente dichos. Sin embargo, cada vez más, vemos cómo se abusa del concepto para extenderlo a toda una suerte de propuestas, alternativas e incluso ocurrencias, unas buenas pero otras no tanto. A menudo, la idea de que uno es libre de hacer algo se confunde con que tiene el derecho a hacer algo, pero son conceptos distintos de base: la libertad es una potestad personal que suele terminar donde empieza la del resto, siempre y cuando no existan otros mecanismos que la coharten, mientras que los derechos van unidos irrevocablemente a las obligaciones, entendidos como garantías y deberes, y definen un aspecto concreto que va de A a B. Los derechos evidentemente incluyen el concepto de libertad de, pero también de limitación con respecto a, y son comunes (o deberían serlo) a todas las personas independientemente de la vida que decidan llevar. En definitiva: yo soy libre de comprarme un ordenador, pero no tengo el derecho a comprarme un ordenador. No es lo mismo.

Quien haya leído algunos de mis post en este blog de un tiempo a esta parte, sabe que vengo siendo muy crítico con la deriva social en que vivimos y de la que somos testigos a diario. Los individuos, cada vez más desprovistos de valores y referencias sólidas, y no digamos ya de creencias, son cuidadosamente adoctrinados y, al final, explotados sin piedad por el sistema: crecidos muchas veces en familias desvirtuadas, formados en escuelas donde no se enseña nada, bombardeados por la telebasura... No es de extrañar que las personas hayan perdido parte de su espíritu crítico y dignidad personal, cualidades que, aunque inherentes al ser humano, pasan a un segundísimo plano para confeccionar una progenie de consumidores caprichosos, laxos, autoindulgentes, sin demasiada noción de la responsabilidad propia, el sentido del honor, la lealtad y tantas otras cosas denostadas en nuestro tiempo. En lugar de eso, un Estado aparentemente benévolo concede caprichos a sus obejas en forma de derechos exóticos, para que se olviden de que viven sin casa, sin estabilidad, sin familia, sin futuro y sin alternativas, trabajando explotados como un engranaje más de la maquinaria mercantilista. Aparentemente todo tiene solución, no hay consecuencias a nuestros actos y, si se entiende mi discurso, la gente embrutecida abraza esta doctrina, despojada ya de su propia humanidad y reducida a poco más que animales pensantes concienzudamente pastoreados. Y esto es una realidad: no hace falta prohibir nada si las personas han perdido su capacidad de decidir, éste es el gran descubrimiento de los nuevos poderosos... porque siempre hay quien está por encima. El "sistema" disfraza de concesiones el camino que quiere marcar, lo cual no viene a ser otra cosa que lo vulgarmente conocido como políticamente correcto: así, sorprendentemente, han descubierto -como no creo que hubieran anticipado ni en sus mejores sueños- que la plebe asiente cuando le dicen que algo es malo, o bueno, y obedece mansamente a los designios de sus amos; y si alguien se sale del camino marcado, lo señalan y acusan como en esa gran película que es La Invasión de los Ultracuerpos. Nos sorprendemos de que la gente se haya vuelto fría, de que las relaciones laborales sean tan egoístas, de que nadie ayude a nadie, de que vivamos bajo el lema de tonto el último, pero esa sorpresa es precisamente la mejor prueba de la poca visión que se tiene del conjunto y de hasta qué punto la sociedad vive mediatizada.


Volviendo a la conversación con mi amigo, me decía que en los últimos años se ha avanzado mucho en lo que respecta a los derechos sociales y yo le respondía que, cuanto menos, merecería la pena pararse a debatir sobre ello. Es una respuesta arriesgada, porque simplemente cuestionar que una pareja homosexual pueda adoptar a un niño, por poner un ejemplo, es anatema, políticamente incorrecto, se sale del camino marcado y, por supuesto, aparentemente es restrictivo, reaccionario, anticuado: inmediatamente surge el fantasma del dogmatismo teledirigido y una de las partes se posiciona como "el bueno" y la otra como "el malo", y casi nadie se libra de esa sensación nefasta, que no es sino la censura de la libre opinión bajo el control de lo que vendría a ser la policía del pensamiento. Así, toda la vida se ha aceptado que una pareja joven tenga prioridad sobre una entrada en años, o sobre una persona soltera, a la hora de adoptar, porque indudablemente se asemeja más a lo que sería la familia natural del futuro hijo. Pero si la pareja es gay... a ver qué vas a decir, que saltan los ultracuerpos. No lo digo por mi amigo, que al menos entendió mi razonamiento y supo escucharme, pero no deja de ser sorprendente como algunas ideas se censuran a priori. ¿Y sabe el lector cuál es el problema de fondo? Que, aunque dé miedo pensarlo, el niño, teóricamente protegido por las leyes, pasa a un segundo plano y lo hace por débil, vulnerable y necesitado. No es así formalmente, por supuesto, porque estas cosas nunca se dicen de frente, pero es la tendencia creciente, cuidadosamente disfrazada, si se entiende cuanto vengo diciendo.

Voy a pararme de hecho sobre el concepto de vulnerabilidad y dejar aquí una reflexión. Cuando la medicina llegó a un nivel de desarrollo que permitía la interrupción voluntaria del embarazo, eufemismo para definir el aborto, no tardaron en aparecer las primeras cabezas defensoras de esta opción; en aquel momento, más o menos a mediados del siglo XX, los proabortistas eran personas muy valientes, que defendían algo visto como una barbaridad por el conjunto de la sociedad. Bernard Nathanson, el llamado rey del aborto y ahora dedicado a dar charlas antiabortistas, fue uno de los pioneros en EEUU; como otros médicos en su situación, fue testigo de la angustia y el sufrimiento, y en algún caso hasta la muerte, que un embarazo no deseado podía suponer para la mujer. Se dio cuenta de que algo fallaba y empezó su particular cruzada, encontrando no poca oposición, para que el aborto fuera despenalizado en determinados supuestos. Esta tendencia se expandió a otros países, entre ellos España mucho más tarde, donde una mujer tenía la opción de abortar si su embarazo le iba a suponer un trauma psícológico o físico. Pero el fondo siempre estuvo claro: una sociedad avanzada debería garantizar la protección de los más débiles y esto empezaría por el derecho básico a la propia vida; el aborto se reservaba para casos en que la madre, como persona adulta y desarrollada, vería su vida severamente truncada a causa de un embarazo, es decir, el concepto de mal menor. Así es como empezó... ¿Y cómo ha acabado? Pues parece ser que, en esa batería de "derechos sociales", se ha incluido el derecho a abortar, con dos cojones. De este modo la gente puede hacer algo más sin consecuencias, sin afrontar el resultado de sus propios errores, ¡y las ovejas tan felices! El feto, acaso la criatura más vulnerable, no tiene voz ni voto, virtualmente no existe a efectos legales, ni como humano, ni protohumano ni siquiera animal, es menos que un perro... ya no es nada. Dicho de otra forma: como la anterior ley era un coladero, pues en vez de velar por que se cumpla, cambiémosla para adaptarla a la realidad social y aumentar así la lista de caprichos generosamente otorgados por el Estado, derribando un poco más las conciencias de los hombres. La opción pasa a ser un derecho y yo me pregunto... ¿a dónde puede conducir esto?


Ahora voy a hablar un poco de sociología ficción. Partamos de la premisa anterior y pensemos en la eutanasia, tan peligrosamente de moda. Pobrecito el de la película Mar Adentro, ¿cómo no va a tener derecho a que le den veneno para acabar con su sufrimiento? Es un hombre que, en plena posesión de sus facultades, ¡no quiere vivir! Si pudiera se suicidaría, ¿entonces no es inhumano dejarle a su suerte, padeciendo durante años en una lenta agonía? Ya tenemos el germen sembrado: empezaría con el testamento vital, cuando una persona lo pidiera formalmente, en casos de coma irreversible, etc... ¿pero dónde podría acabar? Se entendería que matar a alguien es algo justificable sólo en determinados supuestos, para evitar un mal mayor, y se haría una ley en consecuencia. Pasarían los años, la gente se iría acostumbrando, aparecerían los primeros centros privados para la eliminación del sufrimiento, empezarían a brotar toda clase de eufemismos (empezando por muerte digna)... Conclusión: el abuelito de 90 años gaga sufre mucho, pobrecillo, seguro que prefiere morir, no puede ya ni hablar, es inhumano mantenerlo con vida en estas condiciones, él no hubiera querido ser una carga... inyección. ¡Pero si ya se ha hecho en algunas residencias! Sólo que ahora la ley lo persigue, pero no me resulta tan raro imaginar un futuro donde los cuidadores a cargo de gente vulnerable tuvieran el nuevo y pintoresco derecho a decidir cuándo ya no quisieran ocuparse más de ellos... y al hoyo. Lo empezamos a ver en la actualidad con la vejez denostada, ya no representante de la sabiduría y experiencia, sino del atraso, de lo que ya no sirve y es un lastre...


Quien piense que este marco es imposible y se me ha pirado totalmente, debería pararse a reflexionar sobre lo que decía del aborto, sobre lo que fue y lo que ha acabado siendo: un puñetero derecho, con todas las palabras, en lo que supone una patada en los cojones a todo sentido común más allá de los dictados de lo políticamente correcto y la nula capacidad de la sociedad adoctrinada para distinguir ya entre el bien y el mal, que han pasado a ser conceptos relativos. Y así los derechos universales, los de los padres de la patria, se confunden y diluyen en una amalgama fruto de los caprichos de unos, de las apetencias de otros, bajo el lema del todo vale. Una persona sensata te dirá que abortar siempre es una decisión difícil, que nadie quiere verse en la tesitura de practicar una eutanasia, pero si se viene entendiendo todo lo que escribo, es decir, que la gente carece de criterios y rechaza voluntariamente sus responsabilidades, ¿qué puede esperarse en este sentido? Una mentira repetida mil veces acaba siendo verdad y los mismos que se llenan la boca de ciencia para lo que interesa, miran en otra dirección cuando la medicina ha demostrado sobradamente que el feto es un ser humano en gestación con actividad propia... Sí, es jodido enfrentarse a la realidad, afrontar los errores, es más fácil que te digan que no pasa nada, pero por el camino perdemos nuestra humanidad y todo lo que nos hace grandes mientras desechamos a nuestros propios hijos o, quien sabe, les ponen una inyección a quienes ya estorban. Por eso estamos como estamos y por eso estaremos, previsiblemente, como estaremos.

En definitiva que, como decía, estos derechos tan ocurrentes y concedidos a la carta, cuanto menos, merecen una reflexión, especialmente cuando atañen a la propia vida... o la muerte. Para mi progreso no es hablar de muertes dignas, sedaciones o compasión misericordiosa para justificar que los débiles, en vez de la solidaridad de los autómatas, sólo encuentre la calma de la dulce muerte. Para mi progreso no es abortar en razón de 100.000 al año mientras regalan condones al parecer inútiles a niñas, o les enseñan a chuparla en el mismo colegio donde, eso sí, es mandatorio quitar los crucifijos... Y es que no se trata de otra cosa que de sustituir los viejos dogmas por los nuevos, que además son relativos en función de cuándo o cómo favorecen a quienes mueven los hilos. No. Para mi progreso es que una madre se sienta apoyada, que reciba ayudas, información, alternativas, que las personas necesitadas se sientan queridas y útiles, que haya un poco más de amor y menos utilitarismo; y si aún así una mujer se ve en una situación tan desesperada como para querer abortar, o una persona agonizante desea fervientemente abandonar este mundo, sí, creo que deben existir los mecanismos que les permitan hacerlo en las mejores condiciones. Jamás he defendido que deba prohibirse, es lo que pienso y no lo digo por resultar más ecuánime. No creo que nadie pueda decirle a Chantal Sébire, por ejemplo, lo que debe hacer con su vida; pero siempre bajo el marco legal y sin perder el hilo de lo que significa, nunca, porque son temas, como decía al principio, trascendentales. Definitivamente no veo nada de ello en estos pseudo-derechos tan en boga, que algunos consideran avances sociales mientras se nos recuerda que las hamburguesas tienen mucho colesterol. Gracias por haberme leído si has llegado hasta aquí, lector, y espero que mis reflexiones puedan servirte si lo consideras oportuno y que no te ofendan si se salen del guión preestablecido.

2011/09/19

Piratería e impuestos

Hace varios años yo era, para según que cosas, muy políticamente correcto. Por aquel entonces creía en las bondades del sistema y el buen funcionamiento de la sociedad si todos ponían de su parte. La teoría se mantiene, por supuesto, pero tiempo después aprendes a distinguir entre un sueño irrealizable y la realidad del ser humano, es decir lo difíciles que son de alcanzar ciertos objetivos por muy fácil que sea imaginarlos.

En aquellos tiempos de muchacho iluso, una de las cosas que siempre defendía era que la piratería informática era algo malo para la industria, ya sea de videojuegos, de música o de películas. En realidad era un hipócrita, porque, con poco más de una paga semanal, me veía forzado a conseguir toda clase de juegos copiados. Imaginaba que, si hubiera tenido dinero, los habría comprado originales y en cierto modo no iba del todo desencaminado: años después, cuando empecé a trabajar y aún vivía en casa de mis padres, comencé una colección de películas, todas ellas nuevas, que ahora conforman una nada desdeñable videoteca. En definitiva pensaba que, si todos pudieran comprar productos genuinos, los precios bajarían, se financiarían nuevos proyectos, etc.

Sandeces. Hacen falta una serie de años, pero apenas tienes algo de perspectiva te das cuenta de que todo es un engaño. Las empresas quieren ganar todo el dinero posible, como es normal, y nunca van a rebajar los precios si pueden evitarlo. Lo supe por primera vez cuando ponían el formato de cartucho como excusa para justificar el alto coste de los juegos: los llamados cartuchos eran en sí mismos pequeñas placas de memoria con sus respectivos conectores, condensadores, circuitos impresos y demás. Cada juego era en realidad una especie de ampliación de la consola, una parte del hardware que se insertaba en la misma. Cuando este formato murió y fue sustituido por el CD, es decir, por discos producidos a granel en los que simplemente se grababan los juegos (software), los precios se mantuvieron exactamente iguales. ¿Qué empresa, habituada a unos ingresos por sus productos, rebajaría los precios en vez de aumentar su umbral de ganancias? Y así fue. Hubo quejas, por supuesto, pero quedaron en aguas de borraja. ¿Y ahora? Pues nos encontramos con un fenómeno similar, es decir el de las descargas digitales: ya no hay distribuidora, por no haber no hay ni producto, ni caja, ni libro de instrucciones... ya te venden directamente lo mismo que pirateabas, pero pretenden cobrarlo al precio habitual. No exagero: los juegos originales que salen en formato físico y digital cuestan lo mismo. Eso por no hablar de las campañas e iniciativas emprendidas por muchos desarrolladores para evitar la compra de juegos de segunda mano, que según ellos les causan pérdidas insólitas en sus abultados y enfermizos números. En definitiva, que en esta ocasión está muy claro quién va antes, si el huevo o la gallina: los empresarios de la industria jamás pensaron en rebajar el PVP, sino en incrementar sus beneficios. Podría decirse incluso que en realidad cuentan con la piratería y viven de los pocos que pueden permitirse productos originales o no saben dónde obtener las copias. Dicho de otra forma: los precios ya están pensados para gravar al llamado comprador serio, honesto, legal o como se quiera.


Recientemente he trasladado este razonamiento a la supuesta solidaridad que, desde el Estado, se pide a los contribuyentes. Curiosamente, las mismas personas que fueron "adelantadas" en su momento defendiendo la piratería -aunque, siendo justos, la defendían por otros cauces más bien idealistas-, son quienes ahora me sermonean sobre el deber ciudadano y la contribución al bienestar público, o algo así. Más sandeces. ¿Qué es el Estado? Una panda de señores habituados a nadar entre dinero que no han ganado, enchufando a amigos, concediéndose a sí mismos toda clase de prevendas y en general acostumbrados a considerables niveles de atoindulgencia y cinismo. Ese es el Estado al que algunos pobrecillos contemplan casi como a Dios, en esta deriva social donde los individuos, cada vez más despojados de valores y referencias, son pastoreados sin contemplaciones. Las empresas buscan el fin último del beneficio económico y la administración pública, a su vez, derrocha buena parte del dinero de todos en caprichos, ocurrencias, amiguismos, subvenciones exóticas y demás mamarrachadas. En pocas palabras, dos formas de exigir más y más del consumidor/contribuyente, siendo a todos los efectos pozos sin fondo. Irónico para dos planteamientos en principio tan opuestos.

Seamos claros: el que compra todos los productos informáticos originales, así como quien declara hasta el último euro, hoy por hoy, es un iluso, un hombre con las manos atadas o un millonario. Desgraciadamente, diera la impresión de que el modelo contributivo español se basa en la fiscalidad de unos pocos para regocijo de muchos pícaros, igual que los desarrolladores de videojuegos o los productores de cine saben que muchos piratean, lo cual ya tienen en cuenta para cuadrar sus cuentas. Pero, si exigimos a las empresas que PRIMERO bajen ellas los precios, si acusamos claramente su tremenda ambición, si decimos que piratear sus productos es casi legítimo, ¿acaso no podemos pedirle lo mismo al Estado? ¿Es normal que a una señora en condiciones más bien modestas y que acaba cobrando un seguro de invalidez privado, le sustraigan una parte del mimso? ¿Tiene sentido que haya quien ha tenido que vender la casa que hereda al no poder pagar los impuestos correspondientes? ¿Hay derecho a que la cuota fija de un trabajador autónomo sea en España cinco veces la de Alemania, gane lo que gane? ¿Por qué? ¿Quiénes? ¿Con qué jodido derecho? Para construir carreteras, que la sanidad sea pública, la escuela de calidad, no haya gente tirada en la calle, te dicen... muy bonito todo. También los desarrolladores de software hablan del proceso creativo, la inversión, el futuro de la industria, etc., etc., etc. Esto es voracidad señores, adórnenlo como quieran.


Y no nos confundamos. Si el lector cree que este post es un canto a la evasión fiscal, no ha entendido nada. Los impuestos son necesarios, pero aun más, deben ser SAGRADOS. Si pedimos que una empresa privada reduzca los precios para que los usuarios compren productos originales, si en definitiva pedidos un gesto por su parte, ¿acaso no es legítimo pedir lo mismo de los politicuchos? ¿Qué es eso de las subvenciones y quién decide cómo, cuándo y dónde se conceden? ¿Qué es eso de tirar el dinero de los contribuyentes en una verdadera corte y subcortes, con miles de asesores, amigos y enchufafos? Y, por supuesto, ¿qué es eso de que haya la más mínima trama de corrupción? Mientras todo eso exista, o mejor, mientras quede impune, es imposible pedir la solidaridad ciudadana. Como sucede con las señales de tráfico, que todo el mundo se salta, en este país de pícaros, todos, ciudadanos y políticos, barren para casa, evaden, enchufan y hacen y deshacen como buenamente pueden.

A riesgo de repetirme, no se puede exigir la colaboración del ciudadano (= compra de productos originales) mientras la administración no de un paso antes. Y ese paso debe ir dirigido a gestionar muy bien el dinero público, racionalizarlo y, si existe el menor indicio de corrupción, meter a ese ladrón del pueblo en la cárcel inmediatamente muchos años. Y así, añadiría, podría exigirse la buena fe de todos y los impuestos acabarían bajando por sí solos. Pero de momento no hay derecho a que familias enteras pasen verdaderas penurias para que estos majaderos se den la vida padre; y, mientras eso sea así, el sermón de los impuestos se lo pueden meter por el culo.

2011/09/12

Una revisión de Alien

Últimamente y a raíz de un libro sobre el tema, me he vuelto a empapar de todas las películas de la saga Alien, aprovechando para verlas en versión original (cosa que no había hecho hasta ahora). Me he dado cuenta de una cosa que no sobreviene al ver una de las pelis, o todas en un arco de tiempo considerable. No. Pero viéndolas más o menos seguidas, te das cuenta de una cosa: el pobre Alien es una especie en constante peligro de extinción, no más hostil que muchas otras, y "la Compañía" (Weyland-Yutani) tiene bastante razón. Ojo, que este post contiene spoilers para el que no haya visto las películas.

Entiendo que el precedente sobre esta raza es que no se sabe nada de ella, de dónde viene o dónde encontrarla, enfatizándose así en primer lugar su excepcionalidad. Aunque he concluido todo el apartado sobre la primera película en el libro que estoy leyendo, no he encontrado mención a la teoría de un amigo, bastante curiosa por cierto, que a su vez él leyó o escuchó por ahí (no parece que en el guion figure nada de esto): en la nave extraterrestre que encuentra la Nostromo, los Aliens son cultivados como armas biológicas y, de este modo, el extraterrestre enorme que encuentran Dallas, Kane y Lambert operaría una especie de cañón lanzahuevos con el fin de infestar planetas y preparar el asalto. La teoría se sostiene principalmente porque toda la arquitectura de la nave extraterrestre recuerda mucho a la de los propios Aliens, por lo que podría haber un parentesco o relación. Tal vez la nave perdiera el control de sus bio-armas, que acabaran rebelándose y causando el accidente sobre el planeta desconocido (después LV-426, Acheron en los comics y las novelas); se entiende que podrían haber pasado miles de años y que la película láser que cubría los huevos era una especie de campo de éxtasis, o algo así.


Sea cierta o no esta teoría y al margen de especulaciones, una cosa está clara: estos Aliens son algo irrepetible, difícil de encontrar, diferente a todo. En las películas el espectador empatiza con Ripley, pero podría decirse que ella ha encontrando una manada de rinocerontes blancos y está haciendo todos los esfuerzos por exterminarlos definitivamente, para lo cual no duda en emplear incluso explosiones termonucleares de todo tipo: autodestruyendo una estación-refinería, volando una planta atmosférica y hasta estrellando una nave contra la propia Tierra. Todo vale con tal de reducir al Alien -un ser en claro peligro de extincióna- a polvo... literalmente.

Del mostruo se dicen muchas cosas: no tiene conciencia ni sueños de moralidad (como cualquier animal), es el resultado de una evolución perfecta (como el tiburón), pero tampoco es para tanto. En la película original, las tres primeras víctimas del Alien se deben, primero, a su propio ciclo vital (cuando no es más que un bebé); después, a que los tripulantes van en su búsqueda, cuando la pobre criatura sólo se esconde por ahí lo más lejos posible. Incluso, llegado el final, el Alien se pone a dormir en la lanzadera, lo mejor camuflado que puede y probablemente esperando que le dejen tranquilo de una vez. Ripley, la exterminadora, es quien le desvela con vapores sulfurosos y le lanza por la escotilla sin piedad; y aún cuando el mostruo se agarra desesperadamente para entrar por donde puede -en este caso inocentemente por el reactor-, la vengativa mujer lo expulsa activando los motores y friendo al desaprensivo animal.


En la segunda película, el planteamiento no cambia realmente. Ante todo, baste decir que existe una colonia humana desde hace años en el mismo planeta donde están los terroríficos Aliens... y no ha pasado nada. Es cuando un curioso se acerca donde no debe, cuando las criaturas son llevadas a la colonia por los propios humanos y, claro, siguiendo sus instintos establecen la suya propia. Los marines son enviados en misión de exterminio, matando a cientos de estos seres (no digamos cuando vuelan el complejo...) y sacrificando, finalmente, a su Reina: la única ponedora de huevos, lo último que queda para perpetuar esta pobre especie en continuo peligro de extinción y que tímidamente estaba empezando a recuperarse.

En la tercera película resulta que la Reina, en un último esfuerzo agonizante y ya arrancada a granadazos su cola ponedora, aún había conseguido, después de salvarse de chiripa del exterminio de toda su colonia, plantar un par de tímidos huevos antes de morir, nuevamente, expulsada al vacío sideral sin miramientos. Y estos huevos -por las propias funciones biológicas de los "facehuggers" y su sangre ácida- acaban causando un fallo eléctrico y la expulsión del módulo de hibernación donde se encuentra Ripley (eterna enemiga del Alien). En el planeta-prisión donde aterriza (Fury 161), apenas le falta tiempo a una panda de psicópatas, violadores, asesinos y ahora fanáticos integristas redimidos para dar caza de cualquier forma a la pobre bestia, que esta vez humillantemente incluso nace de un perro. Claro, al final llega la Compañía, tarde para salvar al Alien que derriten sádicamente con plomo fundido, pero a tiempo para suplicar a Ripley que no extinga definitivamente la especie; pero nada, ella incluso se suicida en una especie de caldera gigantesca con tal de que el Alien que lleva dentro no vea la luz del día...


La cuarta película es, si cabe, más sangrante. Ha pasado muchísimo tiempo y, milagrosamente y tras numerosos experimentos aberrantes, por fin han coseguido rescatar a un Alien de la extinción. Ya ni siquiera existe una compañía privada detrás: ahora la iniciativa se sostiene con capital público por los Sistemas Militares Unidos, pero no pasan ni cuatro días hasta que una panda de truhanes, piratas y tunantes (estos ya ni siquiera arrepentidos) se proponen exterminar a la nueva hornada de jóvenes Aliens, conseguidos con esfuerzos multimillonarios y años de investigación. Apenas vuelven a nacer, ya hay alguien listo para destruir a las pobres criaturas, incluso a una nueva y excepcional híbrida a la que se acaba triturando por un pequeño boquete a causa de la despresurización.

Así es como yo veo la saga. Cuando empiezas a conectar las películas y verlas de otra forma, te das cuenta de que el famoso y terrible Alien es un animal en contínuo proceso de extinción, bastante parecido a cualquier depredador, al que sólo una compañía intenta salvar, sin acabar de conseguirlo a pesar de dedicar recursos de todo tipo a tal fin. En definitiva, ésta es una serie de películas que, de existir una convivencia con extraterrestres en el futuro, sería políticamente muy incorrecta.

Un saludo!

2011/08/28

Convivencia

Acabo de ver un capítulo de Como Conocí a Vuestra Madre que, junto a las típicas escapadas veraniegas e historietas que te cuentan, me ha inspirado para escribir unas líneas :-)

Un amigo cercano, de los que escribe (o mejor escribía) en este blog, me dijo una vez que las relaciones humanas eran una cuestión de compatibilidad. A mi la idea no me gustó demasiado, puesto que me daba la impresión de que igualaba a todas las personas y, sin embargo, yo siempre he pensado que hay calidades, que unos son mejores y otros peores, que hay gente legal y malnacidos, quienes aportan cosas buenas y otros que sólo hieren; y, entre todos ellos, un enorme espectro de gente mejor o peor en muy diversas facetas. El tema de la compatibilidad, le contestaba, se puede aplicar a veces, pero otras es incuestionable que una de las partes está podrida y no puedes decir sencillamente que no es compatible con la otra, a todas luces mejor persona. Supongo que la única forma objetiva de valorar esto es preguntando a los demás: si nueve de cada diez te dice que Pepito es insoportable, seguramente Pepito y el otro freak que le traga serán unos personajes considerables; de igual modo, si nueve de cada diez dicen que Menganito es una buena persona, el décimo en discordia seguramente será el acomplejado, el raro y el "defectuoso". Sí, hay compatibilidades, pueden ser 5 y 5, o 6 y 4, incluso 7 y 3, pero también hay calidades de personas. Esto es algo que siempre he pensado, aunque dicho así suene como muy grave.


Sin embargo, así como aplicaría esta forma mía de ver las cosas en cenas, paseos, charlas y lo que sería el trato ocasional, me doy cuenta de que la afirmación de mi amigo cobra un nuevo viso de realidad en lo que respecta a la convivencia, al día a día, a la relación estrecha y, en cierto modo, real. Efectivamente, aquí las calidades pasan a un segundo plano porque, antes de llegar a las mismas, hay un proceso de adaptación que depende exclusivamente de compatibilidades: de este modo, se puede decir sin miedo a equivocarse que dos buenas personas, con visiones distintas de según qué cosas, pueden acabar no soportándose en una relación de convivencia.

Ay, el día a día... el compartir salón, cocina, baño, horarios, la compra, agua, calefacción, etc. A cuántas personas ha dividido, cuántas parejas rotas, cuántos amigos decepcionados tras un periodo de convivencia. En la pareja las partes suelen hacer esfuerzos considerables por acoplarse, menores cuanto menos se quieran y no siempre suficientes; en el caso de los amigos, este esfuerzo se reduce a un gesto y los egoísmos y miserias no tardan en salir a la luz; si ya son desconocidos, puedes darte por satisfecho de no pegarte un tiro. Realmente es una suerte encontrar a personas que comparten o al menos toleran razonablemente bien tu forma de ver según que cosas, porque tu visión siempre va a ser la buena y la de los demás la rara, eso está claro. Como decía, ya no hay tanto que buscar buenos y malos como entender que la gente adopta actitudes muy distintas ante muchas situaciones: unos son muy ordenados y otros menos, unos son unos cagaprisas y otros unos remolones, unos adoran las visitas y otros prefieren estar tranquilos, unos son madrugadores y otros disfrutan trasnochando... ¡Incluso, a veces, la imagen que transmites a una persona es totalmente distinta si preguntas a un tercero! Menganito puede ser muy tranquilote para su amigo Pepito y, al mismo tiempo, andar metiendo prisa a su amigo Luisito. ¡Estas cosas pasan!


Creo que hay que hacer un esfuerzo por entender esta cuestión de las compatibilidades y no dejar que la experiencia de una mala convivencia mine una buena relación de amistad. Hay que tener los pies en el suelo, ser tolerantes y conscientes de que estas cosas pasan. Y, sobre todo, hay que demostrar la confianza suficiente como para hablar de estas desavenencias cuando surgen, porque callárselas es como cuando estás harto de los ruidos del vecino y, decidido a llamar a su puerta, ya lo haces con una mala leche considerable fruto de tu propia represión. Sin embargo, supongo que es inevitable sentir una cierta decepción y hasta un fondo de rechazo cuando has llegado a agotar tu paciencia, querer salir corriendo y hasta no ver más a esa persona. Si encima la persona en cuestión, además de poco compatible, es de esos malos bichos que decía al principio, no es exagerado llegar a hablar de asco, fobia y hasta odio. ¡Y extrañamente estos sentimientos no siempre acaban siendo recíprocos! A veces diera la impresión de que la gente no se da cuenta de lo insoportable que es, por otro lado requisito imprescindible para ser precisamente insoportable :-) Sin embargo, un hijo de puta con hábitos parecidos a los tuyos, tratándole lo justo, puede ser más llevadero que una buena persona con costumbres muy distintas. Sorpresas que da la vida y es que los pequeños detalles acaban siendo muy, muy importantes.

Un saludo!